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martes, 3 de noviembre de 2009

Al pie del Tabernáculo

20 – Momentos de desesperación

Roma
Dormitorio Papal
Los periódicos españoles se acumulan en el escritorio. El Papa no ha dormido. Un terrible presentimiento lo invade desde hace días. Siente que la Cazadora corre peligro, pero no la llama para no asustarla, sabe puede arruinar todo si se precipita demasiado. Ve salir el sol desde su ventana. Se levanta, toma su bastón y se encamina a su Capilla privada. Allí, también insomne, lo aguarda Monseñor Pujol.
-Buenos días, Su Santidad.
-Buenos Días, hijo…
-Sólo me llama «hijo», cuando se encuentra muy angustiado… ¿sucede algo?
-Lo normal… y anormal al mismo tiempo…
-¡Alarmante!
-¿Qué sucedió con el traslado de Monseñor Christiansen?
-Se efectuará de inmediato.
-Que lo envíen primero a un retiro de silencio.
-Será lo más conveniente…
-No quiero adelantarme a los hechos, pero tengo desde hace días, la sensación de que éste será su último caso…
-¿Es todo lo que lo preocupa?
-No…
-¿La Cazadora?
-La Cazadora… está en peligro… pero no por parte de los no vivientes… su pureza está siendo amenazada…
-Mañana regreso a Mallorca, me ocuparé de ese asunto de manera personal… y de su temprana graduación como Ministro Extraordinario de la Eucaristía…
-¡Muy Bien!
-Después de todo, es la manera que encontré de integrarla al equipo de Liberación.
-¡Magnífico!
-No pierda la calma, Clarisa es una joven muy juiciosa y respetuosa de los principios que se le han inculcado aquí mismo, Su Santidad, además tiene un padre muy severo, quizás demasiado, pero debo admitir que para momentos como este, nos viene muy bien.
-¡Ya lo creo!
-Es hora de celebrar Misa.

Catedral de Santa Clara de Asís.
Fray Fernando recorre los bancos en busca de la llave de la Sacristía para encender las candelas y poder celebrar los oficios. De pronto, algo llama su atención. El Padre Callahan no está en su confesionario, como acostumbra a esa hora de la mañana. Ha pasado antes, dada su frágil salud y su avanzada edad. Pero esta vez, hay algo más. Algo misterioso, que llena de incertidumbre al Fraile.
-Otra vez el Padre Callahan se ha demorado… su confesionario está vacío y prolijo como de costumbre… un momento, ¿qué es eso?... ¡Santo Dios!... Una rosa negra… ¡Esto no me agrada en absoluto!... iré a verlo, ¡algo está muy mal! ¡Lo presiento! – el monje corrió hacia los dormitorios del convento, en el camino, el compañero de celda del anciano sacerdote lo detuvo.
-¡Fray Fernando!
-¿Qué sucede, fray Emilio?
-¡Lo he estado buscando por todo el convento!... ¡Venga, por favor, no hay tiempo que perder! ¡Es el Padre Callahan!
-¿Se encuentra indispuesto?
-¡Agoniza! ¡Y lo está llamando a su lecho de muerte!
-¡Vamos para allá! ¿Ha pedido algo en especial?
-No logramos entender lo que dice, habla mitad en Inglés…
-Comprendo. – Fray Fernando abrió la puerta de la celda – Déjennos solos.
-Sí, Fray Fernando. – el otro fraile se marchó.
-Padre Andrew… ¿me escucha?
-Fray Fernando… va siendo hora de que me marche con Dios… pero antes, quiero decirte algo importante…
-Lo escucho.
-La Cazadora… ya debe entrar en acción… ella conoce la clave del misterio final… deben ayudarle a encontrarla… se halla en poder del enemigo… pero sólo la guarda como un trofeo de guerra, ignora su utilidad, pero Clarisa, no… ella debe enfrentarse cara a cara con el Supremo, tal como lo hizo la primera Cazadora… ¡pero esta vez, triunfará!
-¡Es lo que todos deseamos!
-¿Ibas a preguntarme algo, hermano?
-Acabo de encontrar algo en su confesionario…
-¿Una rosa Negra?
-Sí…
-No te alarmes, querido amigo… es mi perdón por parte de Dios… consérvala… te servirá para contar los días que falten para el triunfo de la Cazadora…
-¿Cómo así?
-Cuando los pétalos de la rosa caigan y se vuelvan tan blancos como las nubes del cielo… El Supremo habrá concluido su reinado de terror en esta Tierra… ¿tienes el último retrato de Clarisa? Quisiera verlo una vez más.
-Iré por él…
-Aquí te espero. – Fray Fernando cruza a su celda, toma la fotografía de la Cazadora y regresa junto al sacerdote moribundo.
-Ésta es…
-Es muy hermosa… demasiado hermosa… ¡hhhh!... Todo recae sobre éstos pequeños hombros… dile que la cuidaré desde donde esté, siempre… estaré cuando más me necesite… después de todo, ella ya lo hizo una vez conmigo, ¿lo recuerdas?
-¡Como si hubiera sido ayer!
-¡Hhhhhhh!... ¡hhhhhh! – el fraile sale del cuarto en busca del campanero.
-¡Fray Rodolfo! ¡De prisa! ¡El toque de Agonía!
-¡Ya mismo!... ¡«Creo en un solo Dios Padre Todopoderoso…»!
-¡«…Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible…» - continúa Fray Fernando y todos los hermanos, lo imitan, abandonando sus tareas, para acudir a la celda del Padre Callahan.
-«… Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo Único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos…»
-«… Dios de Dios, Luz de Luz, Dios Verdadero de Dios Verdadero…»
-«… engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho…»
-«…que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María, la virgen, y se hizo hombre…»
-«… y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado…»
-«… y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre…»
-«… y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino, no tendrá fin…»
-«… Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas…»
-«…Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo, para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro…»
-«AMÉN» - al llegar a la última palabra, todos están allí, para despedir al Padre Callahan. Fray Fernando, con un nudo en la garganta, le cierra los párpados.
-(“Se ha ido, en el peor momento… aún nos hace falta… las muertes se suceden… Clarisa no despierta a su verdadera misión… ¡Dios, no nos abandones!... Es tiempo de actuar… pero, ¿cómo?... sin armas… ya es demasiado grande el peso de mi carga… y estoy volviéndome viejo para hacerme el héroe…”) – el cortejo deposita el cuerpo en la Capilla Ardiente que huele a rosas de Castilla recién cortadas… aunque allí, por expreso pedido del difunto, no hay una sola flor…
Este no es el final. De ningún modo. Aún ni siquiera es el principio de la verdadera batalla. A pesar de la desesperación en la que todos, al mismo tiempo, se están hundiendo.

Al pie del Tabernáculo

Inoportuno traspié. (segunda parte)

Lunes. 8:00hs. Despacho Episcopal.
Clarisa, antes de iniciar sus clases en el seminario, recoge la carpeta que le indicara el Obispo. Un sacerdote la detiene.
-¡Señorita! ¡¿Tiene permiso para ingresar al despacho privado de Monseñor Pujol?!
-Permiso… llaves… y credencial de acreditación diocesana, ¡oh, perdón, ésta es la de la Biblioteca Vaticana!... ¡Aquí está!
-¡Oh, disculpe, señorita Suárez! No hemos sido presentados. Mi nombre es Aurelio Torquemada.
-Mucho gusto.
-¿Busca usted algo en particular?
-Una documentación que Monseñor Pujol dejó para mí antes de viajar…
-¿Puedo ayudarla a buscar?
-No, gracias, sé exactamente dónde están esos documentos, me tomará menos de un minuto.
-Bien.
-(“No creo que se deba a su apellido, pero este alfeñique con sotana, no me inspira ninguna confianza… Ésta debe ser la carpeta… El símbolo es el mismo que vi en el anillo del señor Vilallonga… ¡Ops! Si no me doy prisa, llegaré tarde a clase… y los monjes atropellándose en los pasillos, no me lo harán fácil… creo que tomaré la vía más rápida.”) – Clarisa corrió el sillón del enorme escritorio, abrió la escotilla y descendió por la escala de piedra – (“Huele a humedad… creo que tengo por aquí un perfumero con agua de rosas.”) – la Cazadora, a toda velocidad, se dirige a su aula atravesando y perfumando los añosos sótanos del convento. Emerge por la Capilla del Santísimo Sacramento, frente a la oficina de Fray Fernando, con el que se cruza cuando suena la campana.
-¡Buenos días, Clarisa!
-¡Buenos días, Fray Fernando!
-Es raro que llegues tan sobre la hora.
-Tuve que pasar por la oficina del Obispo.
-Comprendo.
-Ayer le envié por e-mail, el examen de Cristología.
-Te quedan dos horas libres.
-Sé perfectamente en qué ocupar ese tiempo.
-Ahora debes ocupar tu lugar en el aula.
-¡Ya mismo!

Castell Gandolfo.
Media tarde.
-¡Ya mismo, Monseñor, Pujol! ¡No hay tiempo que perder! Ya he visto suficiente. Póngase de inmediato en contacto con Monseñor Christiansen.
-Se encuentra en Nueva York, Su Santidad.
-¡No interesa, trasládenlo!
-Iniciaremos los trámites, Su Santidad.
-Hay que conformar un sólido equipo de Exorcistas.
-Nos hará falta un elemento sorpresa.
-¿Qué sugiere usted, Monseñor Pujol?
-Parece un caso complicado, Su Santidad… Me he tomado el atrevimiento de anticiparme a su autorización, a la cual daba ya por segura… he pedido que se inicie una cadena de oración por Intercesión.
-«Renovación Carismática Católica», ¿verdad?
-¡Está usted inspirado, Su Santidad!
-¡Lo mismo se puede decir de usted! Quiero a la Cazadora involucrada en el caso.
-¡¿La Cazadora?!
-La joven Suárez Ripoll tiene que ser parte del equipo. Ella debe estar capacitada para enfrentar y vencer en dos etapas al enemigo que nos está hostigando… ¿O es que acaso, no nos urge que sus poderes despierten?
-Tiene usted toda la razón del mundo.
-Pongámonos a trabajar, entonces.
-¡Sí, Su Santidad.

Palma de Mallorca.
Mansión Suárez. Edificio comercial.
Todo el personal se dispone a retirarse. La mayoría de las oficinas tiene ya las luces apagadas. Poco a poco, sólo va quedando iluminado el piso de la Gerencia.
-Hija, por favor, pásame el informe final del día.
-En seguida, papá, ya se está imprimiendo.
-¿Clarisa?
-Mamá, ¿tú aquí?
-Quería saber qué tal te adaptas a tu primer trabajo.
-Nada mal.
-Apaga eso y sube a darte un baño. El pintor acaba de llegar, está en la planta baja aguardando para subir.
-¡Oh, por Dios! ¡El retrato! ¡Oh, mamá, lo olvidé por completo, lo siento!
-¡No hay cuidado, el trabajo es lo primero!
-Hazlo subir, y que instale su atril y sus pinturas, estaré allí en un abrir y cerrar de ojos. – Clarisa corrió al ascensor y de allí prácticamente saltó a su suite. Se vistió y se maquilló. Diez minutos más tarde, se presentó en la biblioteca de su padre. Allí fue donde se sorprendió.
-¡Oh, ella es mi hija Clarisa!... Clarisa, él es el señor Javier Toledano.
-¡¿Tú?!
-¡Un momento! ¿Ya se conocían? – preguntó Rodrigo, comenzando a enojarse y dar lugar a sus celos patológicos.
-Bueno… no formalmente, como ahora, Señor Suárez…
-¡¡Clarisa, explícate!!
-Nada fuera de lo normal, ni falta de respeto por parte de nadie, ¡sólo pasé por su negocio a mirar sus pinturas! Me dejó su tarjeta, ¡es todo! ¡Si te molesta, te recuerdo que ya cumplí dieciocho! ¡¡La alternativa, se deletrea C-O-N-V-E-N-T-O!!
-Lo siento. Comience con su trabajo, por favor. Cuando deba irse, pase por mi escritorio, tendrá listo su cheque. – Rodrigo se retira cabizbajo.
-Disculpe a mi marido, señor Toledano, aún ve a mi hija como a una niña y le cuesta asumir que ya es una mujer… Bien, los dejo solos.
-Gracias. – responde Javier, mirando irse a Encarnación – Tienes carácter…
-Eso dicen ellos.
-Y eso acabas de demostrar, princesa… vamos a ver… este lugar no concuerda mucho con tu vestido.
-Tienes razón… ¿te molestaría mucho bajar a la casa de mis abuelos? Tal vez sea el escenario que necesitas…
-De acuerdo. – los dos, severamente vigilados por el personal doméstico, se encaminaron a la mansión propiamente dicha.
-Ésta es la biblioteca… ¿qué te parece?
-¡Magnífica!... Bien… esto va por aquí… traje un bastidor pequeño, para hacer el bosquejo, mañana ya vendré con el de tamaño natural…
-No hay problema.
-Veamos… ponte junto a la chimenea… es una pena que esté apagada…
-En el cuadro de mi abuela, estaba encendida… es aquél de enfrente, mi padre hizo que se volviera a exponer en su sitio hace pocos días…
-¡Vaya, tienes un gran parecido con ella!
-Lo sé…
-Tus ojos, son más bonitos…
-¡Gracias!
-Bien, quédate lo más quieta posible… sólo me tomará unos minutos dibujar tu rostro.
-¿Te especializas en rostros?
-Es una manía de pequeño. Siempre me ha gustado lo perfecto… ¡Y tú eres perfecta, por donde se te mire!... ¡No, no! ¡No te cubras el escote! ¡Así se ve magnífico! Y lucirá muy bien…
-Pero mi padre se enfadará cuando lo vea…
-¡Que se enfade conmigo, yo soy el artista, después de todo!
-¡A tu propio riesgo!
-Oye, ¿no deberías estar viviendo sola?
-Voy camino a eso. Esta mañana se han iniciado las obras de mi propia casa, en Port Andraixt.
-Frente al mar…
-Con playa privada incluida.
-Suena Bien.
-¡Desde luego!
-Ya puedes descansar un poco…
-Gracias, tengo varias cosas que hacer… y poco tiempo para todo…
-¿Internet?
-¡Hmjmm!... «Información Clasificada» ¡Rayos!
-¡Paciencia!
-Sólo debo entrar en el servidor principal.
-¿Eres Hacker?
-No, yo diseñé el servidor…
-Corrijo la expresión, ¡eres una pequeña genio! – exclamó Javier acercándose más a ella.
-Sólo me gustan los ordenadores… ¡Eso es!
-¿Sectas Satánicas?
-Una investigación personal.
-¿Crees en esas patrañas de Dios y el Diablo? ¡Creí que eras inteligente!
-¡¿Qué tiene que ver eso, con la inteligencia?! Apuesto a que tardas más de media hora, en conseguir apagar mi máquina…
-¡Detesto esas cosas!
-Yo puedo construir una, con mis propias manos… Es señal de inteligencia, ¿o no? El que cuestiones mis creencias, sin siquiera preguntar de qué se trata la investigación, yo podría considerarlo una falta de respeto. Y de no ser porque mis padres fueron quienes te contrataron, ¡te habría despedido, ¡de inmediato!!
-¡¡Eres preciosa, cuando te enfadas!! ¡¿Nadie te lo ha dicho?! – suspira Javier, rozándole la nuca con los labios.
-¡Suficiente, jovencita! – exclama Rodrigo, ingresando - ¡A tu cuarto! ¡¡Sin protestar!! ¡¡¡Y sin ordenador más que para trabajar en los balances de la empresa, que van muy atrasados!!! – Clarisa, entre aliviada y ofendida, sube a su alcoba.

La casa del Árbol.
Pamela, visiblemente agotada y en muy malas condiciones de salud, se conecta por el mensajero automático.
-¡Vamos Clarisa! ¡Date prisa!... ¡Uff, al fin!!

Clarisa: ¡Pam!
Pam: ¡Clary, ¿qué te demoró?!
Clarisa: Me ha pasado absolutamente de todo.
Pam: Antes de que me cuentes, tengo información que te interesará.
Clarisa: Envíala.
Pam: De acuerdo.
Clarisa: He estado chateando con el Obispo.
Pam: Está en Roma, ¿verdad?
Clarisa: En el Vaticano. Espero que me traiga novedades del Papa.
Pam: ¿La verdad sobre su salud?
Clarisa: Entre otras cosas.
Pam: ¿Qué me ibas a contar?
Clarisa: Eso, parte de mi día de trabajo, y las escenas de paranoia de mi padre…
Pam: ¡¿Así llamas a sus celos?!
Clarisa: ¡Deberías haber visto su cara ayer, cuando en la cena traté de explicarle que estoy cursando mis estudios con los franciscanos! ¡Era para un estudio psicoanalítico!
Pam: Eso, ¡¿Y qué mas?!
Clarisa: ¿Recuerdas que tenía que hacerme un retrato al óleo?
Pam: Sí, algo de eso, me contaste hace poco.
Clarisa: Bien, pues… ¿A que no adivinas quién es el pintor que mi papá contrató?
Pam: ¡¡¡¿Javier?!!!
Clarisa: ¡El mismo! Y allí empezamos otra vez con los celos, porque lógicamente, papá se enteró de que ya nos conocíamos.
Pam: ¡Oh, Dios!
Clarisa: Y la cosa, no terminó allí…
Pam: ¡¿Hay más?!
Clarisa: Lo dejó trabajar como media hora, y luego regresó, para sorprenderlo, ¡besándome la nuca!
Pam: ¡Dios Bendito!
Clarisa: Acaba de castigarme.
Pam: Pero tú no eres culpable, ¿o sí?
Clarisa: ¡De ningún modo! Casi parece un animal en celo…
Pam: Pero es guapo, ¿por qué no sales con él?
Clarisa, Papá me mataría…
Pam: ¿Qué más da? Sólo puede hacerlo una vez…
Clarisa: ¡Cierto!... La información, ya llegó.
Pam: Hay archivos PDD.
Clarisa: Eso veo.
Pam: Vas a sorprenderte.
Clarisa: ¿Por qué?
Pam: ¿A que no adivinas, quién está solventando los gastos del sitio de donde descargué la información?
Clarisa: ¡¡¿Vilallonga?!!
Pam: ¡El mismo!
Clarisa: ¿Crees que esté involucrado?
Pam: Es más que probable.
Clarisa: ¡Con razón no me gustaba!
Pam: Te voy a enviar una animación del escudo de armas de la secta, ¡te pondrá la piel de gallina!
Clarisa: La espero.
Pam: Aquí va…
Clarisa: Trabajaré con estos balances, mientras tanto, por si a mi padre se le ocurre subir de improviso.
Pam: bien.
Clarisa: ¿Has visto al médico?
Pam: Acabo de llegar.
Clarisa: ¿Qué te ha dicho?
Pam: Quiere hacerme un chequeo general.
Clarisa: Rutina…
Pam: Supongo. Dice que debo comer más carne.
Clarisa: ¿Tienes bajos los glóbulos rojos?
Pam: Un poco, según él.
Clarisa: Hazle caso.
Pam: ¡Claro!
Clarisa: ¡Oh, Cielos!
Pam: ¿Estás viendo la animación?
Clarisa: Sí. ¡Y no lo puedo creer!
Pam: ¡Te lo dije!
Clarisa: ¡Esto es totalmente satánico!
Pam: Eso pensé. Me cubrí, antes de trabajar con esas imágenes.
Clarisa: Fue lo mejor que pudiste haber hecho
Pam: Tú, ¿Qué vas a hacer, con lo que sabes ahora?
Clarisa: Investigaré un poco más y luego le contaré a papá, espero que no se escandalice.

Biblioteca de la Mansión.
-Espero que la inapropiada conducta de mi hija, no lo haya escandalizado, señor Toledano.
-¡Oh, no se preocupe, señor Suárez! Tiene usted un encanto de niña, en realidad quien debería disculparse, soy yo…
-¡Descuide! Después de todo, usted es un ser humano… aquí está su cheque…
-Gracias.
-Como mi hija está castigada, el día de mañana tendrá usted que continuar su trabajo sin ella… podría copiar en algo el cuadro de mi señora madre.
-No habrá problema, tengo memoria fotográfica.
-¡Asombroso!

-¡Asombroso! En su «Hermandad», reemplaza la rosa por una imagen decapitada de la Virgen con el Niño en Brazos, también sin cabeza… - sentada en su escritorio, Clarisa bebe una taza de té. Se levanta y se dirige a la Biblioteca de su abuelo - ¡Hmm!... ¡no se ve mal!... ¿qué es esto? Dejó algo pegado detrás de la tela… es un papel escrito con carbonilla… «Cena mañana en la noche. 12:00hs. Sé puntual. Te esperaré en el viejo muelle de Platja de Aro, Javi»… ¡Hmmm! ¡Interesante Será mejor que lo esconda…!
-¡Clarisa, creí haberte dicho que no salieras de tu cuarto!
-Sólo… curioseaba la pintura… - respondió la joven, ocultando el mensaje entre los pliegues del vestido.
-¡Sube de inmediato! ¡Y si no veo los balances impresos en mi oficina antes de la cena, mañana no saldrás de tu cuarto bajo ninguna excusa, jovencita! ¡Tu conducta de hoy, ¡avergüenza a mi familia!! – Clarisa corrió a su cuarto. Se dejó caer en la cama y lloró durante varias horas. Finalmente, dejó el material que le solicitó su padre, sobre el escritorio de su oficina. Se asomó al comedor. Nadie a la vista. Abrió su celular
-¿Javier?
-¡Clarisa, ¡qué inesperada y maravillosa sorpresa!!
-¿Podemos vernos ahora?
-Por supuesto, ¿cuál es la prisa?
-Simplemente, ¡necesito hablar con alguien!
-De acuerdo, ¿dónde te espero?
-En mitad del camino a la Iglesia de Santa Clara, hay una casa construida en la copa de un árbol, espera abajo, iré en una hora.
-¡Fantástico! ¡Y no llores, por favor, deja de opacar tu belleza, ¿lo prometes?
-¡Lo prometo! – la joven, cerró la comunicación.
Regresó a su cuarto y se cambió de ropa. Vestida íntegramente de negro, salió por su balcón y con un arnés de montaña bajó los doce pisos. Tomó su Ferrari y salió a toda velocidad. Javier aguardaba con un ramo de rosas rojas, una botella de vino blanco frío y dos copas a la mano. Recibió a la joven, con un apasionado beso.

Al pie del Tabernáculo

19 – Inoportuno traspié

Mansión Suárez.
Atardece, pero nadie en el edificio parece notarlo. Todo mundo va de un lado para otro. Clarisa, que acaba de llegar, se sienta frente a uno de sus ordenadores y lo enciende, mientras acomoda sus papeles y chequea las bandejas con asuntos pendientes de la mañana y el principio de la tarde. Son muchos, parece que su gente ha trabajado muy duro. Toma asiento y se dispone a pasar los pedidos. Enciende la otra máquina y el sistema de audio, para relajarse con un poco de música. No ha dormido bien esta semana, se nota en el cansancio de su visión. Cierra los ojos. El bip del aviso de correo electrónico, la despeja de golpe.
-¡Tres mil mensajes sin leer! ¡Oh, Cielos! ¡No creí estar tan atrasada!
-Niña Clarisa…
-¿Sí, Rosario?
-Sus padres la están esperando… hoy no ha almorzado en casa… quieren cenar en familia al menos una vez en la semana.
-Entiendo. Enseguida subo, Rosario. – respondió Clarisa, poniéndose de pie. Abordó el ascensor y en el mismo instante, experimentó otra horrible visión: un grupo de periodistas y reporteros gráficos eran atacados y secuestrados. La última imagen mostraba las cámaras esparcidas en el pavimento aún funcionando - ¡Volvió a suceder!.. ¡Hmmm!... ¡Todo me da vueltas! – algo mareada, se dirige al comedor.
-¿Te sientes bien, hija?
-Un poco mareada.
-¿Quieres que llamemos al médico?
-No hace falta, papá. Sólo necesito comer bien.
-¿Desayunaste? – pregunta la madre.
-No. Salí con algo de prisa y como tenía que cantar, no podía cargar mucho el estómago.
-¡Linda, sabes que no debes estar tantas horas sin alimentarte bien! ¡Te va a bajar la presión arterial con facilidad!
-Bien, bien, ¡ya basta de discusiones o esta deliciosa cena, nos caerá pesada! – protestó Rodrigo, antes de que Rosario le llenara el plato.
-¿Cómo viene tu semana, hija? – pregunta Encarnación.
-Mañana trabajaré en la oficina, cuando regrese del convento, tengo muchos pendientes en el escritorio y demasiado correo sin leer.
-¿Convento? – pregunta Rodrigo - ¡¿Qué demonios tienes que ir a hacer tú en ningún convento, jovencita?!
-¡Bueno! Está visto que otra vez, Rosario tendrá que servirme la cena en mi cuarto… - Clarisa se levanta de la mesa y se retira a su suite.
-¡¿Satisfecho, querido?! – Encarnación hace lo propio, dejando solo a Rodrigo.
-¡Genial, maravilloso! ¡Rodrigo Suárez, acabas de arruinar un domingo en familia! – suspira tristemente.

-(“No lo entiendo… papá no era así… al menos no, mientras yo estaba en Roma… ¿por qué le dará tanta rabia oír la palabra «convento»?”) – Clarisa termina su taza de café y gira su silla hacia el ordenador – (“Bien, ¡a chequear el e-mail!... ¡Un mensaje de Fray Fernando!... «Exámenes Finales»… ¿planillas de examen a esta altura del curso?... ¡oh, parece que tiene mucha prisa con mi graduación! Veré qué tan difícil es el primero… Hmmm… se ve sencillo, lo llenaré y luego, lo imprimiré… guardaré una copia, por si debo enviarla a Roma… veamos qué sigue… ¡Oh, el Obispo, está en línea!”) – Clarisa, se dispuso a chatear con el prelado.

Clarisa: ¿Monseñor?
Jorge_Froilán: ¡Clarisa, ¿cómo te encuentras?!
Clarisa: Bien, chequeando mi correo electrónico.
Jorge_Froilán: ¿Has asistido a Misa?
Clarisa: Como, siempre, Monseñor.
Jorge_Froilán: ¿Van bien tus clases?
Clarisa: Perfectamente. Fray Fernando, ya me ha enviado algunas planillas de examen.
Jorge_Froilán: Llénalas y envíamelas, te evaluaré personalmente.
Clarisa: ¡Eso suena fantástico!
Jorge_Froilán: Harás lo mismo, con cada planilla que te envíe, ¿de acuerdo?
Clarisa: Pero, ¿qué pasará, si aún no recibo las lecciones que faltan?
Jorge_Froilán: Mañana mismo, tendrás todo el material que te haga falta, a tu completa disposición.
Clarisa: Gracias, Monseñor. Pero, ¿por qué hay tanta prisa con mi graduación?
Jorge_Froilán: Simplemente, confío en que puedes hacerlo.
Clarisa: Me tiene usted más fe de lo que pensaba, Monseñor.
Jorge_Froilán: Eres más especial de lo qua tú piensas, Clarisa.
Clarisa: Gracias. ¿En dónde se encuentra?
Jorge_Froilán: En Roma.
Clarisa: ¡¿Roma?!
Jorge_Froilán: Exactamente
Clarisa: ¿Con qué motivo?
Jorge_Froilán: Un caso particularmente interesante. Algo que te atraerá mucho, una vez que esté resuelto y puedas leer los informes.
Clarisa: Creo que puedo adivinar…
Jorge_Froilán: Inténtalo.
Clarisa: ¡Una posesión!
Jorge_Froilán: ¡Brillante! Hoy mismo debo presentar las pruebas en el Vaticano.
Clarisa: Dele mis saludos a Su Santidad.
Jorge_Froilán: Dalo por descontado.
Clarisa: Una cosa más.
Jorge_Froilán: Dime.
Clarisa: Estoy buscando información acerca de una secta.
Jorge_Froilán: ¿Qué tipo de secta?
Clarisa: No lo sé exactamente. Sólo he visto una suerte de monograma en un anillo sello de platino: una rosa de cinco pétalos con una serpiente entrelazada.
Jorge_Froilán: Ve a mi despacho. En la estantería principal de mi biblioteca personal, hallarás una carpeta negra con ese monograma.
Clarisa: Gracias de nuevo.
Jorge_Froilán: Por nada.
Clarisa: Bien, creo que es todo, voy a continuar chequeando mi casilla.
Jorge_Froilán: Estaremos en contacto.
Clarisa: Hasta luego.
La Cazadora continuó con sus tareas.
(CONTINUARÁ)

Al pie del Tabernáculo

18 – “Y la Luna se tiñó de rojo sangre”

Medianoche.
Hasta hace pocas horas, la casa parecía desierta. Ahora sus peculiares habitantes despiertan y se disponen a salir del lugar. Se ven pálidos y desmejorados. Hambrientos. Ya es hora de alimentarse.

Han pasado algunas semanas. Clarisa tiene el sueño alterado. Habla dormida y suda copiosamente. Su ventana está abierta de par en par y el acondicionador de aire funciona al máximo. Sin embargo, la joven parece a punto de morir de un violento golpe de calor.
-¡Hmmm!... ¡No!... ¡Déjenlos ir!... ¡¿Qué les están haciendo?!... ¡Ya basta!... ¡¡No!! – salta de la cama – (“¡Oh, por Dios! ¡Eso fue horrible!... he estado viendo demasiadas películas de terror, últimamente… ¡Uff!... Creo que bajaré a la cocina y tomaré un vaso de leche tibia…”) – piensa en eso, cuando una espantosa visión la sorprende: cientos de jóvenes, hombres y mujeres, vestidos de negro, con la piel extremadamente blanca, beben de extrañas copas de oro puro… beben sangre - ¡Dios mío! ¡¿Qué es todo esto?!... ¡Mi celular, debo llamar a Fray Fernando!... no contesta, seguro está durmiendo.
-Hija, ¿estás bien? – pregunta su madre, ingresando a la suite – Te oí gritar y me asusté…
-Tuve una pesadilla… hace mucho que no las tengo… creo que un poco de leche tibia me ayudará a descansar.
-¿Quieres que te acompañe?
-¿Tú tampoco puedes dormir?
-No, sólo me quedé trabajando hasta tarde, para que el lunes tengas todo en orden, sin nada de atrasos, ya bastantes problemas has tenido con los errores en las instalaciones del tu sistema.
-¡Gracias, mamá! Con suerte, esas demoras me han dado tiempo para terminar de cursar y acreditar asignaturas en el Seminario.
-Bajemos.
-¿Conoces al Señor Vilallonga? (“Juraría que es el hombre de mi pesadilla…”)
-No mucho.
-¿Trabajó contigo alguna vez?
-No, sólo lo he tratado en reuniones de Directorio.
-¡Ajá!
-¿Por qué lo preguntas?
-Porque desde ahora, sí lo hará conmigo.
-¿No te cae bien?
-No lo sé, no hemos tenido mucho diálogo. Es que… no sé cómo explicarlo… es… extraño… luce extraño… sus modales son extraños.
-¡Hmm! Creo que sé por qué.
-¡Cuéntame!
-No es Católico. Creo que es Testigo de Jehová o algo así.
-¡Cielos!
-Descuida, pronto te llevarás mejor con él, linda. Ten.
-¡Gracias!
-Bébela, y si no puedes dormir, baja a tu nueva oficina, a ver si ya comienzas a adaptarte a ella.
-¡Buena idea!
-Yo ya tengo sueño, las píldoras para dormir, comienzan a hacer su efecto.
-¡Hasta mañana! ¡Descansa!
--¡Buenas noches!
-¡Buenas noches, mamá! – la señora Suárez se retira a su alcoba. Clarisa, dejando el vaso en el lavacopas, se dirige al piso inferior e ingresa a su oficina. Silencio. Una suave brisa se pasea por el paisaje sereno y casi monótono. Pamela, en la casa del Árbol, se conecta a Internet y comienza a trabajar. El empleo se lo consiguió Clarisa en la empresa, hace apenas unas semanas y ella le dedica su mejor esfuerzo, desde donde sea. Esta noche, luego de una fuerte discusión, escapó por una ventana y tomó un taxi hacia la casa de juegos de Clarisa, con su laptop bajo el brazo. En este instante recibe la señal de que su amiga, ha comenzado a utilizar el mensajero automático.

-¡Genial!...
Pam: ¡Clary!
Clarisa: ¡Pam! ¡Adivina dónde me encuentro!
Pam: ¿En tu lugar secreto?
Clarisa: No.
Pam: ¿En tu habitación?
Clarisa: Tampoco.
Pam: ¡Me rindo!
Clarisa: ¿Te lo digo?
Pam: Sí, por favor.
Clarisa: ¡En mi nueva oficina!
Pam: ¡Hey! ¡Eso es genial!
Clarisa: ¡Y enorme, créeme! Nunca había mirado todo desde este lado del escritorio. Ya me había acostumbrado a trabajar al lado de papá, y ahora que todo el sistema funciona correctamente, se puede decir que no es lo mismo que antes.
Pam: Suele pasar.
Clarisa: ¿Cómo van las cosas?
Pam: De mal en peor.
Clarisa: ¿¿¿Discutiste con tu madrastra?
Pam: Me quiso encerrar en mi cuarto.
Clarisa: ¡Oh, Por Dios!
Pam: Escapé por una ventana.
Clarisa: ¿En dónde estás?
Pam: En la Casa del Árbol.
Clarisa: ¡Menos mal! Mira. Bajo la mesa hay una caja pequeña y azul.
Pam: Ya la vi.
Clarisa: Es una web Cam.
Pam: La instalaré ya mismo.
Clarisa: Bien.
Pam: Tengo algo para ti.
Clarisa: ¿Qué es?
Pam: Una muy buena colección de fotos de Richie Sotomayor.
Clarisa: ¡Oh, Cielos!
Pam: Voy a transferírtela.
Clarisa: De acuerdo.
Pam: ¿Vienes a Misa mañana?
Clarisa: Seguro.
Pam: Pásame a buscar a la hora acostumbrada.
Clarisa: Perfecto.
Pam: ¿Llamaste al pintor?
Clarisa: Aún no he tenido tiempo.
Pam: ¡Vaya!
Clarisa: ¿Puedes hacerme un favor?
Pam: Dos.
Clarisa: Quiero que busques información a cerca de sectas.
Pam: Te enviaré lo que encuentre.
Clarisa: Yo buscaré también, y luego cotejaremos el material.
Pam: ¿Puedo preguntar para qué?
Clarisa: Quiero investigar a uno de mis empleados. No me agrada su comportamiento, mi mamá dice que es Testigo de Jehová.
Pam: Empezaré por ahí, entonces.
Clarisa: Bien. Ya tengo los archivos que me pasaste.
Pam: ¡Genial! La cámara ya está casi lista.
Clarisa: Estoy viendo las fotos. Son fantásticas.
Pam: Tengo malas noticias respecto a él…
Clarisa: ¡¿No me irás a decir que se casa, con esa perra de Mariana Roch?!
Pam: Lo lamento, pero eso es exactamente lo que se dice en la «Prensa Rosa»
Clarisa: ¡Esa zorra desgraciada!
Pam: ¡Y afortunada!
Clarisa: ¡¿Qué tiene ella, que no tenga yo?!
Pam: ¡Honestamente, creo que no tienes nada que envidiarle!
Clarisa: ¡A excepción de su guapísimo novio!
Pam: ¡Excepciones, son excepciones!
Clarisa: ¡Ya lo creo!... ¿Has encontrado algo?
Pam: Hasta ahora, nada que no te hayan enseñado en el seminario.
Clarisa: Lo mismo me sucede a mí.
Pam: ¿Le viste algo en la ropa?
Clarisa: ¿Cómo qué?
Pam: Alguna medalla extraña o algo…
Clarisa: Ahora que lo mencionas, sí. Un anillo de platino que lleva en su mano derecha.
Pam: Prueba con las palabras clave «sectas», «ornamentos», «escudos de armas»
Clarisa: Listo.
Pam: Ya está lista la Cámara. Acéptame la invitación.
Clarisa: Bien.
Pam: ¡Ya te veo!
Clarisa: ¡Y yo a ti!
Pam: ¡Oye! ¡Qué buen escritorio tienes! ¡No te falta nada!
Clarisa: Aquí detrás tengo un mueble que ocupa toda la pared, ¿puedes verlo?
Pam: Sí, sólo corre un poco la cabeza… eso es.
Clarisa: Hay un sistema de audio y video, un multifunción, un microondas por si no tengo tiempo para comer, una máquina de café, y en el escritorio tengo dos ordenadores, espacio para escribir a mano alzada, una enorme torre para CDs, y varias bandejas para recoger informes.
Pam: ¡Wow!
Clarisa: El mueble está recién instalado y también los ordenadores.
Pam: ¿Tu mamá, no los usaba?
Clarisa: Es que su trabajo era mucho más sencillo. A mi modo de ver, esta oficina, nunca hizo falta.
Pam: ¿Por qué la agregaron?
Clarisa: Por una escena de celos de mi mamá, con respecto a otra secretaria.
Pam: ¡Ah!
Clarisa: Nunca faltan las zorras, en este tipo de ambientes y mi mamá quiso asegurarse de poder espantarlas personalmente.
Pam: ¡Estaba en todo su derecho! Pero, ¿qué harás tú de diferente?
Clarisa: Seguiré cuidando a mi papá, y además haré que deje de pelearse con el sistema informático de la empresa. Trabajaré en una interfase más amigable. Algo que le de menos dolores de cabeza.
Pam: Comprendo. Clary, creo que dormiré unas horas.
Clarisa: Está bien. ¡Que descanses!
Pam: ¡Hasta luego!
Apagando el ordenador, Pamela se reclina sobre la confortable cama de la Casa del Árbol. Por fuera, a cierta distancia y oculto entre los demás árboles cercanos, un joven bello y pálido, observa la escena.
-Ella es… Refugiada bajo los dominios de la Cazadora, mora la Princesa de Piel Oscura… las órdenes del Supremo han sido muy precisas… seducir y atraer a la joven Pamela Torres… adoctrinarla y prepararla para su misión…

La celda está apenas iluminada por unas pocas velas. Huele a Incienso y Mirra. Aunque pronto el aroma cambia por el de las rosas de Castilla. Su cansado habitante, se levanta de la cama, y se arrodilla en el reclinatorio, frente a la imagen de la virgen Milagrosa.
-(“Adoctrinarla y prepararla para su misión… se me ha puesto difícil en el peor momento… Mi única esperanza es que sus dones despierten a tiempo de su letargo.”) – suspira Fray Fernando, antes de iniciar la Liturgia de las Horas. Le aguarda un domingo algo complicado. Está a cargo de la administración de la diócesis en ausencia de Monseñor Pujol, y además tiene que ir al hospital a visitar a la señora Llobet, aún en grave estado. Abre la pequeña ventana de su celda para dejar entrar la luz del sol, y se sorprende gratamente al ver que una hermosa y blanca paloma ingresa por allí a sus aposentos y se posa sobre su hombro derecho, al tiempo que el intenso perfume de las rosas invade el edificio en su totalidad y despierta a los frailes que aún descansan – (“¡Gracias, Dios mío! ¡Clarisa ya está lista para su tarea! La formación religiosa debe acelerarse lo más posible… hmmm, creo que sé cómo hacerlo.”) – deja a un lado su Horario, y se dirige al despacho episcopal en donde enciende el ordenador – (“La verdadera experta en esto, es la propia Clarísa, pero no está aquí para ayudarme… paradójicamente, tengo que enviarle a ella este material.”) – Fray Fernando se puso a trabajar.

El sol asoma entre los árboles. No hay nubes. Será otro día de intenso calor y un trabajo todavía más intenso. Las campanas hacen su último llamado. El Altar ya tiene los cirios encendidos. El coro está listo.
-Bien, señoritas, relájense, respiren hondo… eso es… - la hermana Catalina da las indicaciones previas. Clarisa toma su lugar entre los músicos, al igual que Pamela. La ceremonia transcurre con la armonía acostumbrada. Al finalizar, Pamela habla con su amiga.
-Clary, ¿puedes llevarme a casa? No me siento muy bien.
-Por supuesto, dime, ¿qué tienes?
-Estoy más cansada que de costumbre… me arden un poco los ojos al sol…
-¿Has estado mucho tiempo frente al ordenador?
-Bastante…
-Deberías ir a un buen oftalmólogo… ten, es la tarjeta del mío, llámalo y dí que vas de mi parte, ¿sí?
-Gracias… Es una suerte que mi papá y mi madrastra aún duerman…
-¿Tienes llave de tu casa?
-Sí… ¡aquí está!
-Bien. Estaré conectada por la tarde.
-¡Genial!
-¡Hasta luego, Pam, ¡cuídate!! – Pamela baja del coche de Clarisa y entra a su casa, sin que nadie lo note.

Calor. Profunda sequía en todo el territorio. La lejana y tormentosa isla parece un pequeño desierto en medio del mar. Paradójico. La sombra toma forma. Y cobra una extraña y abrumadora autoridad.
-¡CENTINELA!
-¡¿Señor?!
-¡INFÓRMAME!
-¡Sus órdenes, han sido cumplidas con éxito, Mi Señor!
-¡EXCELENTE!
-¡La Princesa de Piel Oscura, es nuestra!
-¡INMEJORABLE! ¡ESTAMOS A UN SOLO PASO DE LA CAZADORA! ¡ES SÓLO CUESTIÓN DE TIEMPO!

Al pie del Tabernáculo

Interrogantes (segunda parte)

Seminario Mayor. Uno de los tantos patios internos del predio.
-¡Perfecto! ¡Ya podemos ir a la galería de arte que tanto me recomendaste, Pam!
-¿Caminamos o conduces?
-Tú eres la que sabe dónde queda, ¡el asiento del piloto, es tuyo!
-¡Gracias!
-¡Bueno, ya vámonos! – las dos se dirigieron al centro de la ciudad. Recorrieron varias calles pobladas de lujosas tiendas, hasta dar con la que estaban buscando.
-¡Aquí es!
-Estaciónate y ayúdame a elegir algo original.
-De acuerdo.
-¡Hmmm! Se ve muy interesante… mira eso… parece tan real, casi es fotográfico.
-Tienes razón. Me gustan los ojos de esa pantera negra.
-¡Y a mí me gustan éstos ojos de pantera negra! – exclamó el artista, de pie junto a Clarisa, a quien acababa de besarle la mano.
-¡Gracias! Vamos… a seguir recorriendo la muestra… ¡con su permiso! – las chicas casi huyeron de él.
-¡¿No te gusta que te piropeen, Clarisa?! – preguntó Pam.
-No es eso…
-¿Entonces?
-No lo sé… algo en… la forma en que me dijo lo que me dijo, hizo que me alejara de inmediato…
-Como cuando sientes que algo anda mal, ¿verdad?
-¡Muy parecido a eso!
-Deberías consultarlo con Fray Fernando.
-Sólo si vuelve a suceder. Últimamente, sé que ha estado muy ocupado.
-Pero él siempre tiene tiempo para ti…
-No esta vez, Pam.
-¿Tan importante es lo que los ocupa, que no puede hablar contigo?
-Me temo que sí.

La recámara Episcopal tiene más lujos de los necesarios, según la opinión de su actual ocupante, pero los acepta sin protestar, es muy poco el tiempo que pasa en ella, a veces piensa que demoran más las mucamas en mantenerla impecable, que las horas de descanso que se toma él. En esta ocasión, no está allí para descansar: el material traído por la Señora Llobet lo tiene muy preocupado, y lamentablemente, no es el único.
-Me temo que sí, Fray Fernando. Hay que elevar el caso al Vaticano, lo antes posible. ¡Las imágenes hablan por sí solas!... Fray Fernando, ¿está usted escuchándome?
-¡Oh, sí, Monseñor, desde luego! Es que algo en esa habitación, me ha llamado poderosamente la atención. ¿Quiere usted retroceder un poco la cinta?
-Claro…
-Ahí, ¡detenga la imagen! Observe ese estante cerca del equipo de sonido… ese muñeco… ¿Lo ha visto antes?
-¡Por supuesto!
-Vudú o tal vez Obeah.
-Eso pensé.
-¿Cuándo haremos el envío?
-Lo llevaré personalmente, mañana mismo. En cuanto llegue a Roma, me aguarda una audiencia con el Santo Padre.
-¡Gracias a Dios!
-¿Llamará usted ahora mismo a la señora Llobet?
-¡Sí, claro!

-¡Sí, claro! ¡Vas a decirme que no es atractivo! No has hecho más que vigilar por si nos seguía. – insinuó Pamela, mientras ambas se detenían en un bar cercano, dentro del centro de compras a tomar una taza de café.
-¡No me gusta que me persigan, es todo!
-Si fuera Richie Sotomayor, ¡no dirías lo mismo!
-¡No vas a comparar! Fuera de broma… vivo a la defensiva, desde que me ocurrió lo que me ocurrió…
-Entiendo… Ese pastel de chocolate se ve muy tentador… ¿caemos en la “tentación”?
-Hmmm… ¡el sábado nos confesamos!...
-Está dibujando algo…
-Al menos eso lo mantendrá ocupado.
-¿Te decidiste por algún cuadro o algo?
-Es que no hay nada que ya no tenga en casa, o que no haya traído de Italia…
-¿Señorita? – interrumpió un camarero.
-¿Algún problema, camarero?
-El caballero de la tienda de en frente le envía este obsequio – respondió el mozo, entregándole un retrato en Carbonilla, de ella misma, al que estaba adosada una tarjeta personal.
-¡Gracias!
-¡Clarisa, es hermoso! ¡Qué romántica forma de conquistar a una mujer!
-Supongo que debería sentirme halagada…
-¡Y lo haces, no me mientas, admítelo!
-¡Odio decirlo, pero es cierto!
-¿Lo llamarás?
-No lo sé… realmente, no tengo mucho tiempo.
-¿Haces algo esta noche?
-Acompaño a mi papá a una cena de negocios… cóctel, aburrimiento y miradas de viejos babosos…
-¡Te compadezco!
-Supongo que una vez que me acostumbre, no será tan grave… ¡Hey, mira!... Creo que encontré algo… está por allí, sígueme… ¡Sí!... es un auténtico espejo de plata… quedará excelente en mi dormitorio…
-¡Pero tienes cientos de ellos!
-Ninguno aún en mi futura casa de la playa…
-Podría comenzar con el diseño, mientras te arreglas o te bañas…
-¡Desde luego! Además, el paquete se verá muy pesado, tendrás que ayudarme a subirlo a mi cuarto.
-¡Estupendo!

-¡Estupendo, Rosario! El vestido ha quedado como nuevo.
-Es una pena no haberle podido quitar esta extraña mancha en el pecho…
-A ver… podremos disimularla con algo… justamente, según me contó una vez mi suegro, esta mancha estaba ya en el vestido, en el momento de hacer la pintura y tuvieron que cubrirla con un ramo de rosas, ya que al mismo tiempo, también la retrataba un fotógrafo.
-Probablemente entonces, haya que hacer lo mismo en esta ocasión.
-Bien, Rosario, lo dejaremos sobre la cama de Clarisa. – las dos mujeres, regresaron a sus quehaceres. Cinco minutos más tarde, Pamela y Clarisa, ingresaban el pesado espejo de plata a la habitación.
-¡Sólo unos pasos más, Pam! ¡Ya está!
-¡Estoy muerta!
-¡Yo también! ¡Pediré algo fresco!... ¿Rosario?
-¿Sí, mi niña?
-Por favor trae unos refrescos a mi dormitorio.
-De inmediato, mi niña.
-Te lo agradezco.
-¡No hay por qué!
-Bien… ¿Qué esperas? ¡Enciende la máquina!
-¡Ya!... ¡Bajaste el programa de Arquitectura!
-¿Sabes usarlo?
-Sí, claro, mi hermano lo tiene… es casi como un juego…
-Me gusta ese estilo… mucho mármol y columnas.
-¡Clásico!

Casa de la Familia Llobet. En ese mismo instante.
Nada raro ocurre, pero el ambiente se torna pesado. Sólo se encuentran en la casa, la abuela y su nieto. Desde afuera, se comienza a escuchar una acalorada discusión. Los vecinos se han asomado a las puertas de sus hogares, extrañados por el poco usual escándalo. Hasta hace poco menos de dos meses, Jordi y su abuela eran inseparables. Tanto que ella solía contar con orgullo a sus amigas, que su hermoso nieto, todas las mañanas le preparaba el desayuno y se lo servía en la cama, con toda clase de atenciones y mimos. Con mayor razón, no pueden creer lo que escuchan.
-¡Clásico!... ¡Ahora vas a pedirme que sea un buen niño, me peine con gomina, use pantalón corto y vaya todos los domingos a misa!... ¡Vieja perra, déjame en paz!... ¡No te necesito! ¡Nadie te necesita! – la cavernosa voz se siguió oyendo desde la calle, esta vez, sumada a un estruendo de cristales rotos… luego todo pasó demasiado rápido para la señora Llobet. Cuando abrió los ojos, estaba en el hospital y no se sabía si iba a quedar parapléjica.

Mansión Suárez.
Anochece. Las luces del gran jardín principal destacan la belleza y el colorido de los rosales. Dos grandes reflectores iluminan el frente del antiguo edificio, dándole un tono rojizo. Detrás, la mole de acero y cristal se yergue como un gigantesco custodio. Es hora de partir, y Clarisa no baja. Sus padres comienzan a inquietarse.
-Clarisa, ¿ya estás lista? – preguntó su madre, desde la puerta de la suite.
-¡Sólo dame cinco minutos más, mamá! ¡Tengo un problema con el cierre del vestido! – gritó ella, luchando con la cremallera trabada en la mitad de su espalda.
-¿Puedo ayudarte?
-¡Sí, por favor! ¡Pasa!
-¿A qué hora se fue tu amiga? – ante la pregunta, el humor de Clarisa comenzó a cambiar, se daba cuenta de que la ayuda con su vestuario era una excusa.
-Hace unos minutos, ¿por qué?
-No quiero que entre a esta casa, y lo sabes…
-¡Mamá, ¿cuándo vas a cambiar?! ¡Pamela es mi amiga, más allá de todo! ¡Más allá de su posición económica! ¡Más allá de lo que opinen tus amigas del Jet Set! ¡Y por sobre todas las cosas, ¿más allá del color de su piel!!
-¡¡No sé a quién sales con ese carácter!!
-¡¡A mi abuela Clara!! – en ese mismo instante, el cierre de su nuevo vestido se rompió con un ruido seco.
-¡Oh, mira lo que has hecho! ¿Qué te pondrás ahora?
-¡No lo sé! ¡Pero no voy a dejar plantado a papá, así que si me disculpas, voy a volver a cambiarme! – Clarisa, sin remordimientos, le cerró a su madre la puerta en la cara - ¡Uff! ¡¿Por qué se pondrá así con Pamela?!... (“¡Cielos! Los años no han cambiado ese aspecto negativo de mi madre… se diría que ahora está aún peor que antes de que yo viajara a Roma… y creo que no cambiará jamás… ¡Hey! ¡El vestido de la abuela! ¡Quedó precioso!... veré si tengo zapatos blancos… ¡Sí!... Ahora… al menos la abotonadura es más sencilla que el cierre y no llega tan arriba… Juraría que estaba manchado hace un momento… ¡mejor entonces!... ¡Ay, mi cabeza!... me sentaré a descansar…”) – de pronto, alguien le tocó el hombro, e hizo que se le ericen los vellos de la nuca - ¡¿Abuela Clara?!
-¡Clarisa!... ¡Eres tan hermosa, como valiente y fuerte! Has heredado lo mejor de mí… y serás todo lo que yo no pude… ¡Y más! Vas a cumplir la misión para la cual naciste, con mi ayuda…
-¿Misión? ¿Cuál misión?
-Se te revelará a su debido tiempo. Sólo puedo adelantarte que la clave para vencer el peor peligro, se encuentra en las páginas de mi diario.
-Pero, no encontramos la llave…
-Me fue arrebatada… pero tienes lo necesario para recuperarla… ahora, ponte mis alhajas y ve con tu padre… ¡Trata de que no se desmayen con nuestro parecido, ¿quieres?!
-Lo veo un poco difícil, ¡pero lo intentaré!
-¡Recibe mi bendición! ¡Y sé totalmente feliz, mi querida! – la abuela Clara desapareció en el reflejo del espejo de plata.
-¡Oh, Dios mío!... Tiene que ser este… ¡compré el espejo robado de la abuela Clara!... ¡Tengo que hablar con Fray Fernando!
-¡Clarisa, hija, es hora de bajar!
-¡Ya voy, papá! (“¡Ni modo, lo veré mañana de todas maneras!”) – Clarisa abrió la puerta - ¿Estás listo para esto, papá?
-¿Para qué?
-¡Para algo muy fuerte!
-¿Qué tan fuerte?
-¿Alguna vez has visto un fantasma?
-Creo que no…
-Bueno, entonces, ¿estás bien parado?
-Eso supongo, linda ¡ya basta de juegos, ¡compórtate de una vez y baja!!
-De acuerdo, ¡pero no vayas a decir que no te lo advertí! – la joven apareció al pie de la escalinata de mármol. En ese preciso instante, a Rosario se le cayó la bandeja de las manos: no había diferencia entre la pintura de Clara y la silueta deslumbrante de Clarisa.
-¡Por Dios Santo! – exclamó la anciana, que había crecido con la abuela de Clarisa.
-¡Es increíble! – susurró Encarnación.
-¡Oh, mi preciosa! – Rodrigo Suárez tomó la mano de su hija, y la besó - ¡Eres el reflejo de tu abuela en el espejo! ¡Sólo mírate! ¡Estoy asombrado!
-¡Te lo dije!
-¡Estás preciosa, Hija!
-Supongo que eso no influirá ante los miembros del directorio de la empresa, ¿verdad, papá?
-No sabría decírtelo, hija. Sólo es un cóctel anual, el martes será tu primera participación activa, ¿has pensado en algo para tu presentación?


-¿Ha pensado en algo, para presentarle el caso a Su Santidad, Monseñor?
-No en este momento, aunque creo que las evidencias son muchas. Fray Fernando, ¿podría usted hacerme un gran favor?
-Lo que usted necesite, Monseñor.
-Quiero que averigüe, cuántas casas de oración del Movimiento de Renovación Carismática hay en la Diócesis y que envíe una carta a cada responsable de esos grupos, para que ya mismo inicien una cadena de oración por este pobre muchacho.
-Entendido. ¿Algo más?
-La Señora Llobet… ha sufrido un grave percance. Se encuentra ingresada en la clínica de la familia Suárez, quiero que la visite usted, lo más frecuentemente que le permitan los médicos.
-¿Sabe si le han administrado ya la Unción de los Enfermos?
-No la han pedido.
-Entonces, iré debidamente equipado… ¿es todo, Monseñor?
-Creo que sí… ¿Tiene alguna novedad a cerca de la Cazadora?
-Ha iniciado muy bien el curso de Ministro Extraordinario.
-¡Excelente!
-Cursa todos los días doble turno, los sábados por la mañana y los domingos por la tarde.
-¡Aceleradísimo!
-Es lo que urge, Monseñor.
-¿Me oculta usted algo, Fray Fernando?
-Será mejor que se lo diga ya: ha desaparecido un seminarista.
-¡Oh, Cielos!
-Es el primero, no quise dar la alarma, tal vez nos estemos apresurando, pero dadas las últimas noticias sobre las decenas de adolescentes que faltan en sus casas… y de la familia completa que fue hallada muerta una semana después de que el hijo mayor desapareciera…
-Comprendo.
-Es una pena que Clarisa no tenga aún las condiciones para entrar en acción de forma inmediata…
-Tome las medidas precautorias que considere necesarias.
-¡Desde luego!

Mansión Suarez.
Madrugada. Fin de fiesta. Demasiada formalidad, para el gusto de Clarisa, pero sabe que debe acostumbrarse a eso. Aunque para ser la primera vez, considera que no estuvo mal… al menos, no se quedó dormida, como su madre esperaba. Otra cosa que su madre esperaba mucho, era la repercusión del impacto que produciría la presencia de su única hija, entre los hijos de los miembros del directorio y de sus padres, que no tardaron en tomar nota de la soltería de la joven.
-¡Desde luego que hemos disfrutado la velada, Señor Suárez! – saludó uno de los miembros del directorio de la empresa.
-Tiene usted una hija muy completa: culta, inteligente, talentosa y sobre todo, ¡muy guapa! – hizo lo propio otro.
-Esa niña tiene algo… ¡angelical!... – Clarisa, a dos pasos de su padre, se limitaba a escuchar. De pronto, algo hizo que no pudiera quitarle a uno de los empresarios la vista de encima.
-(“No me gusta ese sujeto… no sé si es su mirada o su forma de dirigirse a la gente… ¡me choca!... Algo sucede con él… y me temo que no es nada bueno… tal vez… es posible que tenga que ver con mi pérdida de memoria, después del incidente de Roma…”) ¿Papá?
-¿Sí, hija?
-¿Quién es él?
-Arsenio Vilallonga, uno de mis asesores publicitarios… Por cierto, tendrás que tratar con él bastante seguido, porque voy a delegarte esa responsabilidad.
-Bueno, entonces si decidiste contar con mi creatividad…
-No exactamente, tú sólo deberás manejar los ordenadores, él te proporcionará las ideas.
-¡Hhhh!
-¡Clarisa!
-Está bien, papá, lo haré lo mejor posible.
-Aunque el señor Vilallonga no te caiga bien…
-¿Cómo lo sabes?
-Te pones pálida cada vez que te habla… como si te diera… ¡asco!
-Creo que me conoces bastante más de lo que pensé.
-¡Por algo soy tu padre! – exclamó Rodrigo, acariciando la barbilla de su hija

Al pie del Tabernáculo

17 - Interrogantes

Departamento de Policía de Mallorca.
Todo el lugar huele a limpio. Es silencioso y ordenado. De vez en cuando ingresa algún agente a realizar trámites.
Hoy es día de traslado de prisioneros. Últimamente, es algo desagradable, especialmente para las empleadas. Esa es una de las razones por las cuales las oficinas que tienen mujeres trabajando, cierran las puertas hasta que todo pase. Sin embargo, en estos días, no son los presos groseros lo que preocupa a los funcionarios superiores. Un extraño fenómeno está ocurriendo en la ciudad. El joven comisario mira el paisaje desde la ventana de su despacho. Parece todo muy normal. Pero eso no es lo que dicen los informes y especialmente, las denuncias que llegan. Teme no poder enfrentar lo que se avecina. El ruido de la puerta lo saca de su ensimismamiento. Un oficial trae varias planillas en sus manos y la misma cara de preocupación.
-Otro cuerpo… - comenta el oficial.
-Es la segunda denuncia de este tipo, en lo que va del mes. – continúa el comisario.
-Cadáver N. N. masculino. Entre 16 y 20 años.
-¿Qué dicen los forenses?
-No hay signos de violencia, los análisis de sangre post-mortem, indican una ausencia casi total de glóbulos rojos. Una suerte de Leucemia fulminante. Lo extraño de todos los casos es que los cuerpos son hallados en lugares, y bajo circunstancias que en nada coinciden con las patologías por las cuales debieron producirse los decesos.
-Extraño.
-Pero eso no es todo. Lo más extraño es que nadie, ni siquiera sus familiares más directos, han venido a reclamar los cadáveres.
-¿Documentación?
-Nada.
-Extraño, muy extraño.
-¿Comisario? – preguntó otro oficial, ingresando.
-Adelante.
-Gracias. Lo necesitan en la morgue Judicial.
-Vamos para allá. – los tres hombres, de inmediato, se ponen en camino - ¿Especificaron el motivo?
-Encontraron a los familiares del N. N. masculino… muertos en su domicilio…

La casa de Pamela Torres no es muy pequeña, pero tiene varias habitaciones que ahora están vacías, ya que con el tiempo sus hermanos se han ido independizando. La suya está en el altillo, ya que ella es la única en la familia que no sufre de vértigo. El comedor es bastante amplio, no muy lujoso, pero confortable. Su madrastra hoy no está en casa, por lo que aprovecha a mirar televisión junto a su padre.
-Mira papá, parece que los familiares del muchacho que encontraron ayer, aparecieron muertos en su casa…
-¡Qué horror, Pam! – en ese mismo momento, llega Julia, de muy mal humor. No saluda y va directo a la cocina.
-¡¿Está lista la cena?!
-Sí, Julia, sólo falta servirla.
-¡Esto está quemado!... Aquí, falta sal… Esta carne, está cruda… ¡Miren el desastre que hay en esta cocina! ¡¡¿Quién limpiará todo esto?!!
-¡Yo lo haré! ¡Yo cociné, yo limpio!

-¡No Rosario, yo cociné, yo limpio!
-¡Pero mi niña, eso no corresponde!
-¡Por favor, déjame hacerlo! ¡Nunca hago nada en esta casa, salvo estudiar!
-¡Su padre la reprenderá!
-¡Que lo haga!
-¡Clarisa, ¿en dónde estás? ¡Es hora de cenar!
-¡Ahí llega! ¡Mejor desaparezco, o arruinaré mi sorpresa!
-¡De acuerdo, mi niña! – Clarisa se deslizó por el montacargas, pasó por su dormitorio y bajó al comedor por una de las escaleras laterales.
-¡Hija, por fin! ¡Tu padre te a estado buscando por toda las casa!
-Me entretuve con las cosas de la abuela, ¡Es todo tan fantástico!
-¿Tiene cosas bonitas? ¡Cuéntame!
-Me probé su vestido de debutante, ¿puedes creer que me queda perfecto?
-¡Eres mi hija, - intervino Rodrigo, llegando a la mesa - una Suárez, no hay nada para ti, que no sea perfecto!
-¡Gracias, papá!
-Rosario ha estado bordando unos ornamentos, ¿se los podrías llevar al Obispo, mañana?
-Voy al San Francisco, me queda de paso, ¡no hay problema!
-Sí, hay un problema…
-¿Cuál?
-Le dí vacaciones a tu chofer…
-Caminaré…
-O… ¡conducirás! – exclamó Rodrigo, mostrándole dos relucientes juegos de llaves.
-¡Oh, papá! ¡No lo puedo creer!
-¡Créelo, linda! ¡¿O acaso has aprobado tu examen y obtenido tu licencia de conductor, para nada?!
-¡Claro que no!
-Están en el parque, ¡puedes verlos por la ventana!
-¡Oh, Cielos! – Clarisa contuvo la respiración al ver los dos autos, eran los que esa semana había visto en una revista que dejó olvidada en la limousine y su padre, por supuesto, recogió para obtener el dato - ¡Son hermosos! ¡¿Cómo supiste que quería esos?!
-Tienes mi mismo gusto, en materia de coches… ¡están equipados con la última tecnología!
-¡Ya los vieron, ahora siéntense los dos, ¡y coman!!
-¡De acuerdo, de acuerdo! ¡No te enfades, Encarna! Sólo me entusiasmé, no es malo hacerlo de vez en cuando… ¡Hmmm! Esa carne condimentada, huele muy bien, Rosario.
-¡Debería usted probarla, don Rodrigo, es una verdadera delicia!
-¡Si tú lo dices!... ¡Hmmm! ¡Hay que felicitar a la cocinera!
-¡Pues, hágalo! Está sentada a su derecha…
-¡Clarisa! ¡¿Cocinas?! – exclamó su madre.
-En realidad, es la primera vez que lo intento… vi la receta por Internet y me metí en la cocina, para ver qué sucedía…
-¡Te felicito, ahora sí eres toda una mujercita, mi linda! – su padre le besó la frente y terminaron la cena familiar.

06:00hs.
La habitación está aún a oscuras. Huele a madera. Es descomunalmente enorme y de forma triangular, como todo desván. Siempre fue divertido pasar las noches allí, sobre todo cuando recién se mudaban. Las cosas han cambiado bastante, ahora esa habitación es un refugio para ella… el único lugar al que su madrastra nunca sube. Pamela no ha dormido. Estuvo navegando por Internet toda la noche, después de chatear con Clarisa. Y escuchando a su padre discutir fuertemente con Julia acerca suyo. Ya casi no soporta más. Se levanta de la silla. Bajo su cama hay una maleta. La mira. Mira también un aviso en el periódico. Ve el celular. Le resulta ya un abuso de confianza, pedirle a Clarisa otro favor. Lleva toda una vida haciendo cosas por ella. No más. Es tiempo de actuar por sí misma. Se irá a vivir sola. Y lo hará lo antes posible. Se viste, prepara el desayuno, lo sirve, se toma un yogurt y sale. A pocas cuadras, un lujoso BMW color fucsia, le toca el claxon.
-¿Vas a la Catedral, Pam?
-¡Clarisa, ¡qué buen auto!!
-Me lo regaló mi papá, ¡¿qué esperas?, sube!
-¡Gracias!
-¿Cómo estás? Te ves como si no hubieras dormido en toda la noche.
-No lo hice…
-¿Sucedió algo?
-¡Estoy harta!
-¿Tan mal están las cosas?
-Se queja de todo… A veces pienso que lo que más quiere, es quedarse sola con mi padre… verme desaparecer… ¡me odia! Y yo, también quiero irme…
-Para eso, necesitas un trabajo… una casa donde vivir… cómo movilizarte… ¿lo has pensado?
-Ya vi un par de avisos en el periódico…
-¿Vas a ir a ver de qué se trata?
-¡Sí, claro!… aquí me bajo, ¿nos vemos en la Casa del Árbol, para almorzar?
-¡Desde luego! ¡Cuídate!
-¡Hasta luego! – Pamela bajó del vehículo y se alejó dejando a Clarisa, bastante angustiada.
Caminó durante horas. Consultó a decenas de inmobiliarias y agencias de empleo.
Finalmente llegó a la Casa del Árbol.
Clarisa la aguardaba con la mesa preparada.
-¿Qué tal te ha ido?
-¡Pésimo!
-¿No encontraste nada?
-¡Todo está carísimo!
-Y, ¿en cuanto al trabajo?
-¡Horrible! ¡Casi pretenden esclavizarme! ¡Más de catorce horas por una miseria!
-¡Olvídalo! Mira… ¿Por qué no te quedas aquí, en la Casa del Árbol? Nada te falta… Piénsalo, es una buena alternativa
-No está mal… pero no es una casa de verdad…
-Pamela, ¿realmente quieres irte de tu casa?... ¿o sólo lo haces para llamar la atención de tu padre? Siempre fuiste muy apegada a él…
-Clarisa… Julia es alcohólica y consume drogas, ¡la he visto! ¡Pero papá no me cree! ¡Siempre está impecable a la hora en que él llega de trabajar!
-¡Cielos! Estás en una situación indeseable…
-Necesito independizarme. Apartarme de ese círculo vicioso.
-Este sería un buen principio. Podrías pasar la mayor parte del día aquí… y yo puedo conseguirte un empleo en el sitio de Internet, eres buena diseñando
-¿Lo crees?
-¡Mira lo que has hecho con la futura decoración de mi casa de la playa, ¡es simplemente genial!! – le dijo mostrándole unas páginas impresas.
-¡Me gusta la idea!
-Bien, lo arreglaré esta misma noche.
-¡¿Tan pronto?!
-Iba a contártelo, pero te vi tan mal, que lo pospuse. ¡A partir de ahora, ocuparé el lugar de mi mamá en la empresa!
-¡Te felicito!
-¡Puedo tomar muchas decisiones, entre ellas, emplear o despedir gente!
-¡Eso es genial!
-¡Y lo que no es genial, es que si no me apuro, llegaré tarde a la clase de Teología!
-¿Bajamos?
-La limousine está esperando. Dejé el auto en el convento, previendo que no terminaría de almorzar a tiempo. Trae las gaseosas.
-Aquí están. – las dos subieron al vehículo.
-¿Qué hay en las noticias? – preguntó Clarisa, encendiendo el televisor.
-Otro muchacho que encuentran muerto en la calle…
-¿Indigentes?
-Creo que no. Parece de clase media.
-No termino de regresar, ¡y ya hay malas noticias!
-¡Sorpresa! ¡Estamos en este planeta!
-¡Cierto!

Edificio de la curia.
Oficina de Fray Fernando Ridruejo.
Todo parece estar en calma, pero la tensión en el aire comienza a notarse. La llegada del fraile se produjo justo en el momento más oportuno. Ya había sido avisado por correo electrónico de la cantidad de jóvenes fallecidos, y en qué forma.
Una vez más lamentaba que la Cazadora no estuviera lista.
De todos modos, era tiempo de preparar nuevamente el camino.
-Otro caso más, Monseñor…
-¡Ni lo menciones, he leído las noticias!
-Son ciudadanos comunes. De momento, me preocupa más el caso de la familia Llobet.
-¿Jordi Llobet?
-El mismo.
-¿Qué ha sucedido?
-Se había inscripto en el curso de Orientación Vocacional… y hasta hoy, no se ha presentado… además de que su abuela está llamando por teléfono todos los días para hablar con usted. Se oye desesperada.
-¿Podrías darme el número?
-Aquí está…
-La llamaré al menos para tranquilizarla y enterarme de qué es lo que sucede, no es común que la gente de la parroquia se dirija directamente a mi oficina, debe ser algo grave… ¿Señora Llobet?
-Sí, ¿quién habla?
-Monseñor Pujol.
-¡Oh, gracias a Dios que es usted! ¡Estoy muy preocupada por mi nieto!
-¿Qué le sucede?
-Está muy enfermo. Pero los médicos no saben lo que tiene. Lo han visto hasta psiquiatras… Padre Obispo, ¡a mí me parece que este niño, está poseído por un demonio! – la voz de la anciana se quebraba por el llanto.
-¿Tiene usted los resultados de los estudios que se le practicaron?
-Hace ya una semana que se los dejé a su secretario, ¿no se los ha entregado?
-Un momento… ¡Fray Fernando! Tráigame todos los pendientes del escritorio de mi secretario… ¿Señora?
-Lo escucho.
-Aquí me alcanzan los papeles… No me habían sido entregados… ¿trajo usted una cinta de vídeo?
-Sí, Monseñor. Colocamos la cámara en el dormitorio del muchacho, cuando dormía; lo que se ve, es lo que llegamos a registrar antes de que rompiera la videocámara.
-Bien. Examinaré el material y luego la volveré a llamar, Señora Llobet.
-¡Muchas gracias, Monseñor!
-Por nada, adiós.
-Parece que hay trabajo para hacer.
-No entiendo cómo esto no se me envió antes.
-Secretarios perezosos.
-O descreídos. Fíjese que lo que usted hizo, fue poner sobre la mesa la pila de carpetas exactamente al revés de cómo las encontró. Lo que significa que este material lleva aquí toda la semana, intacto… ignorado.
-Hmmm… vamos a ver… los estudios tienen resultado normales… el informe psiquiátrico habla de de trastorno de múltiple personalidad…
-¿Qué opina?
-Yo me inclinaría a no sacar conclusiones, hasta que podamos ver el contenido del vídeo.
-Vamos a mi dormitorio, entonces.
-¡Perfecto!
(CONTINUARÁ)

Al pie del Tabernáculo

La pesadilla comienza en casa (segunda parte)

-Ambos dos, según mi opinión. – decidió Rodrigo.
-¿Dos coches?
-Uno es elegante, y el otro, veloz.
-No sabes cómo compensarle el no haberle dado su fiesta debutante, ¿verdad?
-Le he dado cosas más importantes. Se diría que vamos a emanciparla. Se podrá mudar y vivir sola en la casa de la playa, cuando le apetezca. No todos los chicos de su edad tienen esos privilegios.
-Ciertamente.
-¿Contrataste al pintor?
-Sí, ya lo hice. El lunes lo entrevistaré.
-¿Crees que le vaya el vestido de compromiso de su abuela?
-No lo sé, habría que airearlo al menos…
-¡Llámala al celular para decírselo!
-¡Ya mismo!... ¿Clarisita?
-¡Sí, mamá, ¿qué sucede?!
-¿Estás muy ocupada?
-No, estoy tomando el té con Fray Fernando, ¿me necesitas en casa?!
-Tengo algo que quiero que veas.
-De acuerdo. En un rato voy para allá.
-Perfecto. – la señora Suárez cerró la comunicación.

-¿Ya tienes que irte, Clarisa?
-Me temo que sí, no me gusta hacer esperar a mi mamá.
-Está bien. Te espero mañana bien temprano en mi… despacho privado.
-De acuerdo. – Clarisa salió del recinto y acompañada por Pamela, regresó a su casa.
De camino, dejó a su amiga en su domicilio.
-¿Te ocurre algo, Pam? Te ves triste.
-Nada importante.
-¡Pam, te conozco!
-Es que… las cosas en casa no han ido bien últimamente.
-Cuéntame.
-Tengo problemas con mi… madrastra.
-¿No te llevas bien?
-Lo intento… Pero ha cambiado mucho desde que se casó con papá.
-A veces suele suceder…
-Pero los cambios han sido demasiado drásticos… O quizás ahora ella muestra su verdadera cara, ¡no sé qué pensar!... Anoche… ¡la encontré ebria, durmiendo en el suelo del patio!
-¡Cielos!
-Temo que se vuelva demasiado violenta.
-¿Alguna vez te levantó la mano?
-Hasta ahora, no.
-Llámame cuando necesites hablar, por favor.
-Lo haré.
-Bien.
-¿Almorzamos mañana, en la Casa del Árbol? Creo que tendré tiempo.
-De acuerdo.
-¡Nos vemos! – Clarisa partió a toda velocidad.

-¡Aún debe estar en donde mi padre solía guardarla!... ¡Sí, mira Encarna, ésta es! ¡La llave del arcón de mi madre!
-¡A Clarisa le encantará la idea de abrirlo!
-Supongo que sí. Los años en Roma, le han creado afición por las antigüedades.
-¡Y seguramente no tarda en llegar! Subiré a recibirla, ¿me acompañas?
-¡Desde luego! – el matrimonio, salió de la vieja casona, atravesó los jardines y abordó el ascensor externo del edificio contiguo, hacia el Pent-house.
-¿Rosario?
-¿Sí, señor?
-¿Cuándo estará lista la cena?
-En dos horas, señor.
-Perfecto.
-¿Han llegado los peces que mandé a pedir a Japón?
-Sí, señor.
-Pídale a los empleados que completen la instalación del acuario.
-Enseguida, señor.
-¡Hola, papa!! ¡Hola, mamá!, ya llegué! - se escuchó la sonora voz de Clarisa desde el pasillo de la entrada al piso.
-¿Cómo te ha ido, preciosa?
-Muy bien, papá.
-¿Has hablado con Fray Fernando, hija?
-Pasé a saludarlo. Me comentó acerca de unos cursos que le gustaría que hiciera.
--Pero, ¿qué hay de tu ingreso a la Universidad? – se enojó Rodrigo.
-No hay una carrera que realmente me atraiga.
-Y la Licenciatura en Sistemas, ¿no te gusta? – preguntó Encarnación.
-Tengo suficientes créditos en Harvard, para graduarme por Internet.
-¿Cómo así?
-He tenido tanto tiempo libre en Roma, que lo aproveché para cursar a distancia.
-Pero, ¿por qué no lo dijiste antes?
-Quería darles la sorpresa, cuando llegara el diploma por correo… pero ya que lo preguntan…
-¿Qué tal algún Máster?
-No lo sé, tal vez un poco más adelante… ¿sabes?, quiero estar en donde haya gente que me necesite, no quiero echar a perder todo lo que aprendí, ahogándolo entre tanto lujo… por ahora, me han interesado los cursos en el Seminario Mayor…
-¡¡Vas a meterte a monja, ¿con lo rica y bella que eres?!! – estalló Encarnación, en un ataque de ira.
-¡¡Mamá, ¿quién habló de eso?!! ¡Por supuesto que voy a casarme y formar mi propia familia algún día!
-¡¡Sí, pero, ¿cuándo?!!
-¡¡¡¿Por qué se desesperan tanto?!!! – indignada y dolida, Clarisa subió a su habitación.
-Encarna, creo que te has extralimitado…
-¡Eso veo! Pero, ¿por qué te quedaste callado? ¿No eres tú el que quiere verla lejos del convento, a menos que sea con traje de novia?
-En algún punto tienes razón. Pero ni siquiera la has dejado llegar a su casa y sentarse a comer en familia, que ya la estás presionando con lo que indica la moda, o el hecho de que las hijas de tus amigas y ex compañeras de clases, ya están prometidas y casadas… no me salgas con otra cosa, hiciste la misma escena, cuando no podías concebir… de cualquier modo, no debiste tratarla así, se molestó y tiene razón. – Rodrigo siguió a su hija a su dormitorio.
Golpeó la puerta.
-Pasa, está abierto. – dijo ella desde su balcón.
-¿Sigues molesta?
-¡Quiero volver a Roma! O mudarme a Miami, ¡o lo más lejos posible de aquí! ¡Ayúdame con el equipaje!
-¡Linda, por Dios, no me digas eso! ¿Tienes idea de lo mucho que he echado de menos a mi bebita preciosa? – Rodrigo la abrazó por la espalda y la retuvo… Clarisa jamás se resistía a este gesto paternal, y casi siempre terminaba llorando y perdonando a su padre.
-Apenas llego, y ya estoy harta de estar aquí, ¿qué han creído que soy? ¡¿Una perrita lanuda, a la que hay que aparear en el primer celo?! ¡Y por supuesto, con un semental de pura raza, con buen Pedigree!... Lo he visto, papá… muchas de mis compañeras, han salido del convento, directamente a casarse con hombres que apenas conocían… ¡A mí déjenme tranquila, ¿sí?!
-¡Pequeña! Tú ya conoces a tu madre, siempre se deja llevar por el snobismo y todas esas cosas con las que tu tía Rocío le llena la cabeza… Insisto, te hemos echado demasiado de menos, como para que te vuelvas a marchar… pero si así lo prefieres, tienes la opción de que en cuanto la casa de la playa esté terminada, puedas mudarte allí. He decidido emanciparte. Vive tu propia vida, ¡te lo has ganado!
-¿Seguro que no vas a arrepentirte?
-¡No lo sé! ¡Para mí aún eres una niña! – Clarisa comenzó a llorar – Pero ya eres una profesional, estás en condiciones de relevar a tu madre en la empresa, incluso a mí.
-¡No exageres!
-¿Quieres venir mañana a una cena de negocios con el directorio al completo? Me gustaría presentarte.
-¿De qué se tratará?
-Nuevas tecnologías en informática… monitores de LCD, y ese tipo de cosas.
-¡Me encantará!
-Ven conmigo, quiero mostrarte algo.
-¿Adónde vamos?
-Al sótano de la mansión.
-¿Junto a la bodega?
-¡Exacto!
-Siempre me fascinó ese lugar tan misterioso… ¿qué hay allá?
-Algunas obras de arte que desechamos, viejos libros, artículos de colección, ¡y el arcón de los recuerdos de tu abuela!
-¡Tienes la llave!
-La busqué personalmente, ¡sólo para ti! ¿Bajamos?
-¡Bajemos!
-Hay que decirle a Rosario que mande a alguien para que repare esta escalera. No me gusta como crujen estas maderas.
-A mí, tampoco. Alguien podría lastimarse.
-Mira…
-¡Aquí está!
-¡Adelante, ábrelo!
-A ver… ¡Oh, papá, es…! ¡Hermoso!... Hay joyas… éste debe ser su diario… ¡Oh, está bajo llave!... Me temo que no podré leerlo… ¡Oh, Cielos! ¡Qué vestido tan… esplendoroso!
-Es el que lució en su presentación en sociedad… ese mismo día fue prometida a tu abuelo.
-Era muy bella, ¿verdad?
-La más guapa del pueblo, según tu abuelo.
-Pero él la miraba con ojos de enamorado…
-La amaba mucho, en verdad… y tú te pareces mucho a ella… tienes su cabello, sus mismos ojos, su estatura… ¿por qué no te pruebas el vestido? Quizás te quede… y si es así, lo usarás para tu retrato al óleo.
-¡¿Retrato?! ¡¿Vas a hacerme un retrato al óleo?! ¡¿Cómo si fuera una gran dama?!
-Es una tradición familiar… Mira… Tras esta cortina, está el de tu abuela. En el comedor de la mansión, está el de tu madre…
-¡Sólo falta el mío!
-¡Vamos, ve a probarte el vestido!
-¡Ya mismo! – Clarisa subió al cuarto de sus abuelos. Corrió las cortinas y destapó el enorme espejo enmarcado en roble. Se colocó el vestido sobre el pecho con una mano y con la otra se levantó el cabello – (“A simple vista, parece quedarme bien… huele ha guardado y está amarillento… pero no deja de ser hermoso… imagino que debió usar con un corset muy ajustado, pero eso no es ningún problema para mí… ¡Vaya! ¡Me queda perfecto! Aunque, necesitará suavizante para ropa… Bien, creo que lo haré lavar y planchar ahora mismo.”) ¿Rosario, estás por ahí?
-¡Aquí mismo, niña Clarisa!
-¿Quieres venir un momento, por favor?
-¡Por supuesto, mi niña! ¿Qué necesita?
-Lleva este vestido a lavar y planchar, quiero verlo impecable, lo antes posible.
-Lo que ordene, mi niña. – el ama de llaves se llevó la prenda.
-(“No tenía un peinado muy complicado esa noche… los músculos de sus brazos, se ven fuertes… casi como los míos… ¿sería también deportista? No era común en esa época… Bien, creo que regresaré arriba, y me daré un baño, antes de conectarme a Internet… Me preocupa la situación de Pam… no ha querido hablarme mucho al respecto, pero jamás le vi una mirada tan triste… Algo muy serio debe estarle sucediendo, no me cabe la menor duda.”) – Clarisa regresó al pent-house.