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martes, 19 de octubre de 2010

Maggie Mae

10 - INDECISIÓN

Rita permaneció entre los bastidores observando a los chicos. Ellos, por su parte, de vez en cuando le dirigían una que otra mirada tierna.

-(“¡Son tan lindos!... Ringo parece tan comprensivo... a nada dice que no... Paul, con esos ojitos dormilones... ¡lo creo capaz de seducir hasta a las piedras!... ¡Oh, me está mirando, ¡qué encanto!!... John... ¡es tan dulce!... No puedo creer que sea tan cariñoso como un gatito bebé... George, ¡¡casi me besa!!… ¡Dios mío, ¿con cuál me quedo?!... Con Paul… ¡No, mejor con John!… ¡O tal vez, con Ringo!... ¡No, no, con George!... ¡Diablos!... ¡¿Qué hay si me llevo a los cuatro?!... ¡Son fabulosos!... ¡¿Por qué conformarme con uno solo?!... Por lo que dijo mamá, parece que les gusto... ¡Ay, me mira John!... ¡Es tan guapo!... ¡Cuando sonríe, parece un angelito!...”) – la temida figura de Mal Evans, interrumpió los pensamientos de su cabecita loca.

-¡¿Qué se supone que haces aquí, jovencita?!

-¡Oh! ¡Señor Evans! ¡Lo siento, no sabía que molestaba!

-Deberías estar en la platea...

-Lo sé, pero...

-¡¿No tienes entrada?!

-No exactamente... vine con ellos, en la limousine...

-¡Sí, claro! ¡Te escondieron en la cajuela!

-¡Así es, señor! Eso fue lo que pasó, ¡lo juro!

-¡Por supuesto! ¡Acompáñame! – Rita comenzó a temblar, aterrada.

Afortunadamente, la grabación concluía en ese preciso momento, por lo que los muchachos, fueron a buscar a Rita. No pudieron ser más oportunos.

-¡Hey, Mal! – exclamó Paul - ¿Adónde te llevas a Rita?

-¡¿La conocen?! – se asombró el guardaespaldas.

-Por supuesto. – respondió Ringo – Es la pequeña hija de la señora Mae. Nos ha caído bien, es divertida, por eso decidimos traerla.

-Entonces, te debo una disculpa, niña. – se excusó él.

-Todo está bien, no se preocupe.

-¡Ahora, démonos prisa, tenemos que llegar al hotel, antes de que las fans lo noten!

-Entendido. – respondieron todos. Rápidamente, bajaron al estacionamiento y abordaron la limousine.

-Tienes mal aspecto, George, ¿qué te sucede? – preguntó Rita.

-¡Estoy agotado!

-Tu voz no se oye muy bien... déjame ver... – apoyó su pequeña mano en la frente del muchacho - ¡tienes fiebre! Deberías ver a un médico.

-¡Lo que menos necesito, es enfermarme!

-Justo hoy, que tenemos varios compromisos con las compañías discográficas. Hay una recepción esta noche... – confirmó John.

-¡Pero, no está en condiciones! – insistió Rita – Intentemos algo: Mamá y yo te cuidaremos y conseguiremos las medicinas. Si a la hora de la fiesta no mejoras, ¡te quedas en cama, ¿sí?!

-¡Está bien! ¡Me rindo! ¡Tú ganas! – suspiró George. Y Rita estaba en lo cierto. George necesitaba reposo absoluto, casi no se tenía en pie al llegar a la suite. Como primera medida, Rita telefoneó a su madre.

-¡¿Mamá?!

-¡Sí, cariño! ¡¿Qué sucede?!

-Sube a la habitación de los chicos, trae el botiquín, paños fríos y agua helada.

-¡¿Quién está enfermo?!

-¡George! ¡Date prisa por favor, tiene mucha fiebre!

-¿Ya llamaron a un médico?

-Están en eso, pero tardarán en localizarlo y hacer que llegue hasta el hotel.

-¡Bien! Haré lo que pueda.

-¡Gracias! – Rita cortó la comunicación y se dispuso a atender a George.

-¡Hhhh! ¡Mi cabeza! – exclamó el muchacho - ¡Siento que me va a estallar!

-¡Recuéstate mientras yo busco algo con qué aliviarte! – el joven se dejó caer sobre la cama. Rita, pensando a toda velocidad, actuó en consecuencia.

-¡Lo siento, chicos! ¡Pero tendrán que beber el whisky sin hielo!... ¡Las servilletas!... ¡eso es!... Paul, quítale la ropa y mételo a la cama, ¡ya!

-¡O.K.! (“¡Qué chica tan maravillosa!... ¡Será una excelente esposa, y una inmejorable madre en el futuro!”)

-¡Vamos a ver! ¡Bien! ¡Listo! – se acercó al lecho del enfermo y comenzó a aplicarle paños fríos en la frente.

-¡Hhhh! ¡Qué bien se siente!

-¡Te pondrás en condiciones! ¡Lo prometo! ¡Soy buena enfermera!

-Hasta ahora, cumples tus promesas. – comentó John, celoso.

-Te tomaré el pulso... Hmmm... – con su reloj, controló las pulsaciones de Harrison – está acelerado... (“¿Será la fiebre o algo más?”)

-¡Aquí llega tu madre! – anunció Paul.

-¡Genial!

-Vamos a ver, muchacho... ¡Humm! ¡Hay fiebre! Te colocaré el termómetro... Rita, cámbiale los paños...

-¡Ya mismo!... Listo...

-Iré por unos antitérmicos a la casa de una vecina, contrólale la temperatura y dale a beber agua de a sorbos.

-Entendido. – la señora Mae se retiró.

-¿Cómo te sientes? – preguntó la niña.

-¡Terrible! ¡Hirviendo!

-Veamos, qué dice el termómetro... ¡Uf!... ¡Treinta y nueve!... ¡Decididamente, no irás a ninguna parte el día de hoy!

-¡Estoy destruido!... ¡Quiero agua!

-Ten, despacio... ¡Eso es!...

-¡Me duele al tragar!

-¡Lo imagino!... Te refrescaré un poco más...

-Rita... ya es muy tarde, debes ir a estudiar... o tu mamá se enfadará por tus calificaciones... – comentó Ringo.

-Eso ahora no tiene importancia. Además, traje mis libros, ¡¿que puede faltarme?!

-¡¿Quieres comer algo?! – preguntó Paul.

-¡No es mala idea!

-Ordenaré unas pizzas y unas hamburguesas. – Paul, en la sala, tomó el teléfono.

-¡De acuerdo! - Ringo y John, luego de mudar de ropas, acompañaron a Rita y George en su cuarto.

-¡La fiebre no baja!... ¡Mamá debería darse prisa!...

-Tal vez aún no pudo salir. – comentó John.

-Es probable.

-¡Hey, vengan a comer! – llamó Paul. Rita terminó de cambiar los paños fríos de George y se unió al resto.

-¡Me muero de hambre!

-¡Trabajaste mucho hoy! – exclamó Ringo.

-¡Y me quedaré toda la noche, si es necesario!

-¡Eres una pequeña heroína!... anda, ¡no has probado bocado!... – dijo Paul, tomándola inmediatamente en sus brazos – Relájate... Se ha dormido...

-¡Uf!... ¡Qué bien! – sentada sobre las rodillas de McCartney, disfrutó de la cena, sin descuidar al enfermo, al que miraba de reojo.

-(“¡Es una bebita... y actúa como toda una mujer!... ¡Una mujer muy hermosa!... y valiente.... Creo que me casé demasiado pronto... ¡Debí esperar a conocerla!”) – pensaba John, mirándola a los ojos.

-(“¡No me quita la vista de encima!... Si continúa así, me hará perder el apetito... ¡Hmmm!... ¡Qué bien se sienten las manos de Paul!... Son suaves y fuertes al mismo tiempo...”)

-¡Oye!... ¡Rita no es tuya solamente!... ¡Eres muy egoísta!... ¡Ya préstamela sólo por un rato, ¿quieres?! – bromeó Ringo.

-¡Está bien! – Rita pasó a los brazos del batería del grupo.

-¿Te gustan los mimos?

-¡¿A quién no?! – rió ella. En ese momento, llegó la señora Mae.

-¡Aquí traigo las medicinas!

-¡Te ayudaré, mamá! – velozmente, siguieron atendiendo a George.

-¿Temperatura?

-Treinta y nueve punto cinco y subiendo.

-¡Hay trabajo para hacer!... Cámbiale las almohadas y las sábanas, que ya están muy sudadas.

-Correcto.

-Yo le daré los medicamentos. ¿Qué hay de los doctores?

-Mal ya los llamó, pero no han podido acercarse... ¡El tránsito está imposible!... y las chicas tampoco ayudan... – respondió John.

-¡Magnífico! – suspiró la señora Mae – No importa, intentaremos aliviarlo como podamos.

-¡Manos a la obra! – suspiró Rita. Las horas comenzaron a pasar y los médicos no llegaban.

Afortunadamente, la fiebre cedió algo de terreno, pero George estaba muy débil para levantarse.

-¿Rita? – susurró apenas.

-¡Aquí estoy! – exclamó ella, saltando del sillón en el que se había quedado estudiando - ¿Te sientes mejor?

-Bastante... ¿Los demás se han ido?

-Sí, fueron a la fiesta de Capitol. Me encargaron que te cuidara muy bien.

-De momento, estoy entero...

-¿Te sigue doliendo la garganta?

-Mucho menos que antes.

-Veamos, si bajó la fiebre... ¡Puf!... Treinta y siete punto dos... ¡qué alivio!

-Haces mucho por mí, Rita.

-No más de lo que cualquiera haría en mi lugar... Ahora, trata de dormir, mañana les espera otra grabación y tienes que estar recuperado.

-Bien... ¡Oye! ¿Me traerías un jugo de naranja?

-¡De inmediato!

-¡Gracias!

-¡Por nada! – Rita obedeció en forma automática, en menos de cinco minutos, regresó al lecho - ¡Aquí tienes!

-¡Hmmm!... ¿Sabes? De haber podido asistir a esa fiesta, te habría pedido que me acompañaras... Te verías muy bonita vestida de largo...

-¡¿Bromeas?! (“¡Debe haberse vuelto loco!”)

-¡No, ¿cómo crees?! De verdad iría contigo... Eres una chica muy linda...

-¿Lo dices en serio? (“¡Sé sincero, por favor, no me gusta que la gente juegue conmigo!”)

-Pienso, que en un par de años, no habrá hombre que se te resista.

-¡Exageras! (“¡Eres un mentiroso!... ¡no pienso creerte una sola palabra, hasta comprobar que no estás delirando!”)

-¡Claro que no!... Mírate al espejo, ¡eres perfecta!... Con un lindo vestido y zapatos de tacón, ¡hasta Brigitte Bardot, te miraría con envidia!

-(“Curiosamente, acabas de repetir una frase que mi tío Al me dice todo el tiempo... ¡Es una extraña coincidencia de opiniones, en dos personas completamente distintas...”) ¡Mamá no se cansa de decirme que no tengo edad, para esas cosas!

-¡Hhh!... Creo que tiene razón... ¡Hhhh!

-Descansa, yo tengo aquí mis libros, así que estudiaré mientras duermes.(“¡O al menos, lo intentaré!”)

-Bien, pero insisto: ¡Te verías preciosa!

-¡Bueno, ya! – visiblemente avergonzada, le dio a George un leve carpetazo en la cabeza y se dispuso a continuar con sus estudios. Finalmente, se quedó también dormida a los pies de la cama. Y por esas cosas del corazón, que nadie entiende, los dos tuvieron el mismo sueño: En medio de una fabulosa pista de baile, juntos, se dejaban llevar por la dulce melodía de “You really got a hold on me”... el ruido de la puerta, los despertó.

-¡Cielos! ¡Me dormí!

-Rita, ¿cómo sigue George?

-Casi no tiene fiebre.

-El médico se hará cargo de él ahora.

-¡Por fin!

-Ya puedes ir a descansar, hija.

-¡Buenas noches, Rita! – saludó George.

-¡Buenas noches, George, ¡cuídate!!

-¡Lo haré, palabra!

-¡Más te vale!

La niña salió de la suite, casi caminando entre nubes...

–(“¡No puedo creer que me haya dicho semejante cosa!... Tal vez haya sido la fiebre... Deliraba, ¡eso es!... Tiene casi veintiún años, ¡no puede estarse fijando en un bebé de catorce!...”)

-¿En qué piensas, Rita? – preguntó la madre. La niña, sumida como estaba en sus pensamientos, no le respondió. - ¡¿Rita?!... ¡Rita, hija, ¡contéstame, ¿estás en la luna o en la tierra?!!

-¿Ah?... Mamá, ¿dijiste algo?!

-¡Nada! ¡Sube a estudiar, que ya has perdido mucho tiempo!

-¡De inmediato!

-(“¡Hablaré muy seriamente contigo, jovencita! ¡No me agrada la forma en que se miran ustedes dos!”) – Rita, de mala gana, obedeció.

domingo, 10 de octubre de 2010

Maggie Mae

9 - ENSAYOS

Febrero 8.

9:30 a.m.

Después de muchas vueltas para desorientar a la prensa y a sus admiradoras, los Beatles están a punto de llegar a los estudios de la CBS. Una curva muy cerrada, hace que Rita, se golpee la cabeza.

-¡Ay! – se oye en el interior de la limousine.

-¿Qué fue eso? – pregunta Brian.

-¡Nada! ¡Yo no oí nada! ¿Ustedes? – exclama Paul, tratando de salir del paso.

-¡Tampoco! – responde John – (“¡Maggie! ¡Espero que esté bien!”)

-¡Ya llegamos!... El estacionamiento es seguro, bajen con tranquilidad, relájense y dedíquense plenamente al ensayo... les aseguro que nada en absoluto los perturbará. – concluye Brian, ya fuera del vehículo – iré a controlar el estado de los equipos de sonido.

-De acuerdo. – responden los cuatro, mientras descienden de la limousine. Rápidamente, George va a ver cómo se encuentra Rita.

-¡Fin del camino, preciosa! ¿Estás bien?

-Me golpeé la cabeza en una frenada... pero no te preocupes... ¡estaré bien!... ¡Ah! ¡Hmm! – mareada, casi se desvanece, pero George, la retiene entre sus brazos. Quedan uno muy cerca del otro, casi respirando simultáneamente.

-(“¡Buen momento para un beso!”) – piensa George.

-(“¡Dios mío!... ¡Creo que voy a morir!”)

-¿Seguro que estás bien?

-Sí, no te preocupes... Sólo fue un mareo, no debí levantarme tan de repente...

-Brian está ocupado, no te verá entrar, puedes estar con nosotros en el estudio.

-¡Perfecto! – los dos ingresan al plató. El resto de los muchachos ya está armando los equipos, y conectando los instrumentos.

-Estamos aquí. – anuncia George.

-¿Te encuentras bien, Maggie? Te oímos gritar. – pregunta John.

-Sí, estoy bien, sólo fue un golpe. ¿Puedo ayudar?

-Ve y ubícate en la última fila de la platea. – contesta Ringo.

-Desde allí, nos dirás cómo sonamos. – continúa Paul.

-¡Genial!

-(“¡Le sienta muy bien la minifalda!”) – piensa John.

-(“¡No sé cómo no tiene frío!... ¡Hhhh!... ¡pero decididamente, ¡me encantan sus piernas!!”) – Paul tiene que apoyarse sobre el estuche de su bajo.

-(“¡Ni loco les cuento que estuve demasiado cerca de besarla, cuando bajó del auto!”) – suspira George.

-(“¡Angelito, te ves fantástica!”) – concluye Ringo.

-Bien, probemos el sonido... – el ensayo da comienzo con “Till there was you”. Paul, como primera voz, hace su mejor esfuerzo, sin dejar de mirar a Rita.

-¡Pequeña, ¿cómo sale?! – pregunta Ringo.

-¡Fabuloso! – corre a su encuentro. Los muchachos continúan con “I want to hold your hand”. Rita, fascinada, los escucha sentada sobre uno de los equipos VOX. Luego de finalizada la rutina programada para las actuaciones, siguen ensayando temas no incluidos, como “Boys”, “Baby it’s you”, “P. S. I love you”, y “Roll over Beethoven”. Cada uno de ellos, por supuesto, con la intención de impresionar a Rita. Durante el descanso, le piden su opinión.

-¿Qué te pareció el ensayo? – pregunta George.

-¡Maravilloso!

-¿A pesar de los acoples? – continúa Paul.

-Para eso sirven los ensayos, ¿no?

-¡Tienes razón! – sonríe Ringo.

-¿Qué te gusta más?... ¿El Rock And Roll, o quizás prefieres las baladas románticas? – pregunta John.

-Tienen un ritmo increíble... ¡Pero hasta la Venus de Milo, se derretiría escuchando “Baby it’s you”!

-¡Gracias! – el poético cumplido toma por sorpresa a Lennon y eso hace que, por muy poco, no se descubran sus sentimientos hacia la niña.

-Muchachos, ¡todo listo para grabar en vivo! – anuncia el director del programa de Ed Sullivan.

-¡Buena suerte! – Rita, los despide con el pulgar en alto.

domingo, 3 de octubre de 2010

Maggie Mae

8 - ¿DORMIR DE AMOR?

Por la noche, en la quietud de su desván, Rita continúa estudiando...

-(“¡Hhh! ¡Ya falta poco!... Ringo tenía razón... me hacía falta descansar... Ya me sé todo el libro de memoria... Bien... ¿Qué me pongo mañana?... El sweater blanco... un chaleco... ¡La minifalda nueva, por supuesto!... Y un abrigo... creo que así está bien... Mamá duerme... ¡Dios, lo pienso y no lo puedo creer!... ¡Todos me tratan tan bien!... Por momentos, no saben qué hacer para complacerme... Creí que se trataría de personas serias, como cualquier inglés... sin embargo, resultaron más divertidos de lo que nadie supone... Bien, me prepararé para dormir, ¡si es que puedo!”)

-(“¡No puedo dormir!...”) – pensaba John – (“Esta niña me está robando el sueño... ¡Es tan dulce!... ¡Se veía tan emocionada por conocernos!”)

-(“Hace horas que no hago más que dar vueltas en la cama... Rita... ¡Qué lindos ojitos azules!... Creo que debería intentar algo para impresionarla... Pero, ¿qué?... John, se sentó a sus pies, y apoyó la cabeza en sus rodillas... Ringo, fue el primero en acercarse a charlar con ella... George... Aunque lo niegue, ¡está tan flechado como yo!... La abrazó por la cintura, bajo el pretexto de hacerle cosquillas... ¡¿Qué puedo hacer yo?!... No pienso ser el que se quede atrás... ¡Hmmm! Creo que ya sé lo que puedo intentar...”) – deliberaba Paul, acodado sobre su almohada.

-(“¡Rita!... ¡Rita!... ¡No puede sonar más dulce!... ¡Se retorcía de risa bajo mis manos!... Pero, ¡es un bebé!... ¡Tiene ese cabello tan bonito!... ¡Es preciosa!... Buscaré la forma de llegar otra vez a ella... ¡La sentaré sobre mis piernas!... ¡Preciosa!... Algo me dice que este ensayo será el más divertido de toda mi vida...”) – suspiraba George, mirando el techo, con una pierna fuera de la cama.

-(“No la ha tocado nadie... Ni siquiera sabe lo que es un beso... ¡Muy interesante!... Toda ella es muy interesante... Es sólo que soy demasiado mayor... ¡Si tuviera unos años más!...”) – Ringo se levantó, se quitó el pijama, se puso unos jeans y una camiseta, y salió hacia la sala de ensayos, sin saber que el resto de sus colegas estaba haciendo exactamente lo mismo.

Las cuatro puertas se abrieron al unísono, y cada uno encendió una llave de luz distinta. La sorpresa resultó lógica.

-¡John! ¿Qué haces levantado? – preguntó Paul.

-No puedo dormir... George, ¿tú aquí?

-Igual que tú... ¡Ringo, ¿tú también?!

-Es que no soporto los ronquidos de Paul.

-¡Yo no ronco!

-Despierto, ¡nadie lo hace! – respondió George.

-¿Por qué no podías tú? – preguntó John.

-Porque Ringo molestaba a Paul para que deje de roncar...

-¡Ya! Basta de excusas... conozco una sola forma de pasar una noche entera de insomnio. – interrumpió Paul, abriendo el estuche de su bajo - ¿Me siguen?

-Bien... – suspiró John.

-De acuerdo. – continuó George.

-Espero que los vecinos no se quejen. – comentó Ringo. Los cuatro improvisaron un larguísimo ensayo, con casi la totalidad de su repertorio.

Febrero 8.

07:30 a.m.

-¡Buenos días, mamá! ¿Te quedaste dormida?

-En realidad, sólo tuve que servir el desayuno para tus “amorcitos”... ¿por qué no me dijiste que pasaste unas horas con ellos? (“¡Jovencita, tendrás mucho que explicar!”)

-Yo... no quería que te enfadaras conmigo...

-No hay cuidado, confío en ti... Oye, por lo que me dijeron, ¡los dejaste absolutamente impresionados! (“¡No son sino cuatro babosos!”)

-¿Tú crees?

-Me hicieron sentir muy halagada con sus palabras...

-Por... ¿algo en especial? – preguntó Rita, revolviendo su café con leche.

-Muchas cosas bonitas... los cuatro se deshicieron en elogios... ¡Y tú, ¿adónde vas tan guapa?! (“¡Tienes prohibido regresar de noche a casa, bajo cualquier circunstancia!”)

-¡A la CBS! ¡Me invitaron a ver un ensayo! ¡¿No es fantástico?!

-¡Ya lo creo!

-¡Me daré prisa! ¡Me esperan en el subsuelo en unos minutos!

-¡Lávate los dientes!

-¡Sí, mamá!

-¡John, ¿qué buscas?! – preguntó George.

-Mi pelota de goma.

-¿Para qué la quieres?

-Necesito una excusa para distraer a los polizontes... ¿en dónde la habré dejado?

-¡Cierto! ¿Ya bajaron los instrumentos?

-Están en eso. – dijo Ringo, sentándose en los almohadones. Lennon dio vuelta toda la habitación, sin resultados.

-¿La encontraste, John?

-Todavía no, pero tiene que estar por aquí, nunca me separo de ella.

-¿Qué cosa? – preguntó Ringo.

-La pelota que uso para ejercitar los dedos...

-¿Qué no la dejaste en el estuche de la guitarra acústica?

-Tal vez, aún no la busqué allí... veamos... – se dirigió a la improvisada salita de ensayos - ¡Sí, aquí está!

-Bien, date prisa, ¡se hace tarde! – exclamó Paul.

-¡Ya voy! – los cuatro bajaron por el ascensor de servicio. No sabían en qué matar el tiempo y comenzaron a observarse mutuamente.

-¿Corbata verde, Ringo? ¡Qué mal gusto! – criticó Paul.

-Me la regaló una fan, en el Cavern. La uso para no herir sus sentimientos...

-¡Tú siempre tan considerado! – suspiró George, para evitar soltar una sonora carcajada.

-Además de porque me gustó la chica, claro...

-(“¡Estos chicos me gustan!... Espero que no demoren demasiado... ¡Brrr!... ¡Hace muchísimo frío aquí!...”) – pensó Rita, oculta detrás de unas cajas de madera – (“¡Ahí vienen!... ¡Peleándose... ¿por una gorra?!... ¡Cielos! ¡No tienen igual!”) – se asomó - ¡Buenos días!

-¡Rita!... ¡Rita!... ¡Ven aquí, date prisa!... – George casi corrió a tomarla de las manos - ¿Estás lista?

-¡Por supuesto!

-¡Aquí vamos! – George, corriendo, se dirigió con ella hacia la salida - ¡John!... ¡John, ahora! – indicó. La distracción dio comienzo: Lennon arrojó su pelota de goma hacia el sector en que se encontraban las fans. Los policías, obviamente, intervinieron.

-¡No te acerques tanto, ¡o te destrozarán!!

-¡Pero necesito mi pelota!

-¡Tranquilo! Iremos por ella...

-¡O.K.! – Lennon miró a sus compañeros, que entraron en acción.

-¡De prisa, Rita, por aquí! – George la condujo hasta el vehículo y rápidamente abrió la cajuela - ¡Sube!

-¡Bien! – la niña obedeció automáticamente, y en la prisa, su corta falda fue “víctima de las inclemencias del tiempo”.

-(“¡Lindo trasero!”) – suspiró George.

-¡Oh! (“¡Me parece que mamá tenía mucha razón!... ¡Esta falda es demasiado corta!”) – rápidamente, Rita puso sus ropas en orden y se terminó de acomodar.

-Pondré la guitarra de John, para disimular.

-¡No hay problema! ¡Ya puedes cerrar! (“¡Hazlo ya, o me moriré de vergüenza!”)

-¿No tienes miedo de ahogarte?

-¡Claro que no! – la tapa del baúl se cerró sobre su armónica figura.

-¡George! ¡Ya vámonos! – alertó Ringo.

-¿Todo en orden, muchachos? – preguntó el oficial.

-¡Sí, claro!... Todo está bien... no hay de qué preocuparse... solamente guardaba uno de los instrumentos. – respondió George – Ya podemos partir.